Por Daniel Bensaïd

Julio de 2002

Una política sin partidos termina, en la mayoría de los casos, en una política sin política : ya sea en un seguidismo sin objetivos a la espontaneidad de los movimientos sociales, o en la peor forma de vanguardismo individualista elitista, o finalmente en una represión de lo político en favor de lo estético o de lo ético.

 

por Florencia Abadi

 

Reseña de Martín, Facundo Nahuel, Pesimismo emancipatorio: marxismo y psicoanálisis en el pensamiento de T. W. Adorno, Buenos Aires, Editorial Marat, 2018, 320 p.

 

 

Pesimismo emancipatorio lleva a cabo un doble movimiento en relación con la obra de Adorno: por un lado, la impugna como perspectiva paralizante e inconsistente; por otro, la reivindica como precedente singular y único para un marxismo que asuma las condiciones de nuestra época. El movimiento refutatorio toma como núcleo la filosofía de la historia de Adorno: Facundo Martín señala que se trata de una filosofía de la historia ahistórica, en que el capitalismo tardío no es una marca temporal del análisis de la dominación (en este sentido, indica que Adorno utiliza la categoría de trabajo en el sentido transhistórico de “trabajo en general” –como transformación de la naturaleza– y no como trabajo en el capitalismo –dividido en concreto y abstracto–). Esa ahistoricidad condena el pensamiento de Adorno a una visión de la dominación como algo insuperable. Martín sostiene que esto implica un impasse de la crítica que la vuelve inconsistente, porque –la siguiente frase contiene la directriz del libro– “es condición de la solvencia de cualquier proyecto crítico que la dominación aparezca como susceptible de ser superada mediante la acción de las personas”. El pesimismo está entonces indefectiblemente ligado a la insolvencia de este proyecto crítico. No se trata aquí de la célebre “organización del pesimismo” que Benjamin proclamaba –tomando a Pierre Naville– como salida revolucionaria contra el optimismo socialdemócrata del progreso. El pesimismo adorniano no puede organizarse, afirma Martín. Podríamos trazar aquí una distinción entre dos tipos de pesimismo: un pesimismo de diagnóstico, y otro de pronóstico. No es lo mismo afirmar que las cosas están mal, que afirmar que van a estar mal. Este libro advierte que un pesimismo de pronóstico es inconsistente para la crítica, y tiene razón. Un pesimismo de diagnóstico, en cambio, es indispensable –definitorio– de una perspectiva crítica. Pero Adorno es un pesimista en ambos sentidos; su pensamiento deviene luego, en este sentido, acrítico.

 

                                                                                Claudio Katz[1]

                                              

La economía argentina afronta dos posibilidades: una gran crisis antes o después de octubre. El único interrogante es el momento de esa convulsión. Por eso la tasa de riesgo-país sigue por las nubes y el único plan del gobierno es aguantar hasta las elecciones.

Todas las tensiones derivan de la evidente imposibilidad de pagar la deuda. Los medios internacionales subrayan todos los días esa incapacidad. El temor no proviene de un eventual triunfo opositor, sino del simple estallido de la bomba financiera que ha montado el oficialismo.

Esta dramática perspectiva induce a distintos analistas a delinear cuatro escenarios posteriores a octubre: continuidad acentuada del ajuste, retorno al desahogo de la década pasada, padecimiento griego o alivio portugués. Todas las alternativas deberían confrontan con el descalabro de la economía.

 

5 de Marzo de 2019

Camila Baron *

La arena política está movediza y por momentos pareciera que algunos pilares del capitalismo se están hundiendo. Hay quienes intentan conservarlo y en ese afán se encuentran con un movimiento masivo que al andar hace temblar los cimientos de la vieja sociedad. Ese movimiento internacional y en plena onda expansiva es hoy el feminismo, que camina hacia el tercer paro internacional de mujeres, lesbianas, travestis y trans.

Entre feministas de distintas latitudes y desde diversas disciplinas tenemos un diagnóstico: asistimos a una crisis de reproducción social. No se trata sólo de una crisis de los cuidados entendida como “pobreza de tiempo” o balance complejo entre familia/trabajo donde una parte quisiera poder comandar o delegar los cuidados y no puede hacerlo. Al formularla como crisis de reproducción social apuntamos a subrayar su carácter sistémico. Históricamente, el trabajo de reproducción social que comprende trabajo material y afectivo, fue realizado por sujetxs feminizadxs y mayoritariamente sin remuneración. Este trabajo es y ha sido siempre indispensable para el conjunto de la sociedad. Pero, en este momento, la crisis económica, ecológica y política se traduce en inestabilidad y descontento social y no puede ser entendida si no se da centralidad a este aspecto.

Esta crisis incluye incertidumbre sobre la posibilidad de afrontar una vejez con ingresos suficientes, de acceder a una vivienda digna, o de pagar un tratamiento médico. Y esta incertidumbre une lo que parece disperso: afecta a los sectores de más bajos ingresos, pero también a la clase trabajadora con ingresos medios y altos. Aquello que se suele llamar feminización del trabajo es, en otras palabras, el proceso por el cual las características que hace tiempo eran propias del trabajo femenino, ahora se tornan la experiencia de buena parte de la clase trabajadora: precarización, desempleo, subempleo, migración forzada y criminalizada.

Pensar desde el trabajo es cambiarlo todo

Este nuevo paro internacional convoca a trabajadoras precarizadas, desocupadas, migrantes, trabajadoras sexuales, trabajadoras de la economía popular. Paramos quienes somos expulsadxs de los sistemas educativos, sanitarios y de asignación de viviendas por no caber en los criterios normalizadores. Somos trabajadorxs con o sin trabajo formal, que realizamos tareas de cuidado de manera pública o privada, paga o no paga. La reformulación del concepto de huelga, que nos convoca a parar en las casas, en las camas, en las oficinas y en los barrios complejiza y desnuda el concepto patriarcal detrás de una idea de paro monolítica: aquel que sólo puede convocarse desde las centrales obreras y cuya demanda es el aumento del salario. La huelga feminista no es sinónimo de huelga general, al menos no mientras ésta última siga arrastrando la subvaloración e invisibilización de nuestros trabajos, mientras sea ciega a una división del trabajo que nos violenta, mientras no tenga en cuenta las violencias hacia los cuerpos feminizades y hacia todas las disidencias. Nuestro paro amplía de manera irreversible el concepto de lucha de clases.

Lo que cierto vicio academicista no puede hacer, lo que a muchas izquierdas aún les cuesta entender, a saber, la relación entre género, raza y clase, la estamos escribiendo en las calles, en las asambleas, en las organizaciones feministas que nos encontramos transformando a diario nuestra realidad, preguntándonos qué vidas queremos vivir, qué trabajos nos resultan indispensables y cuáles no. Aún necesitamos insistir en que la vigencia de la división sexual y racializada del trabajo es sostén del orden conservador. La huelga sólo será general cuando también sea feminista.  

¿Quién dijo que sería fácil?

Si bien la resignificación del 8 de Marzo en tanto paro internacional no deja dudas sobre el oximoron que es dar crédito a un feminismo de derechas, el peligro del asimilacionismo es real. Es necesario aún explicar por qué el feminismo liberal que sólo piensa en romper techos de cristal, tal como dicen Arruzza, Bhatthacharya y Fraser en su manifiesto por un feminismo para el 99%, no es en realidad feminismo si lo que busca es dejar vidrios desparramados para que otras los limpien.  

Los discursos de organismos internacionales y ONG’s toman nuestras demandas para transformarlas en consignas de cartón. El Fondo Monetario Internacional habla de aumentar las licencias por maternidad, reducir la brecha salarial e incentivar la participación de mujeres en el mercado de trabajo y en especial en los cargos jerárquicos de las empresas. Ni las gerentas ni las profesionales que aplican planes de ajuste para precarizar nuestras vidas convocan al paro. La huelga feminista es un parteaguas y como ya hemos instalado en las calles y asambleas, no somos sólo mujeres. Somos también lesbianas, travestis, trans, no binaries y maricas. Nos une nuestro protagonismo histórico y conjunto en los trabajos invisibilizados y desvalorizados como así también nuestra insistencia en vivir vidas que se salen del modelo familiarista funcional a la explotación capitalista. Por eso nos matan. Porque la diversidad sexual es asimilable. Hasta las iglesias comienzan a tolerarla. Lo que no es admisible para los conservadurismos es romper roles de género, cuestionar los binarismos: hombre-mujer, femenino-masculino pero también sociedad-economía, mercado-no mercado, emoción-razón. Ninguna iglesia puede sobrevivir si se derrumba la familia tradicional. Ningún capitalismo puede girar si nosotres paramos. La cruzada contra la “ideología de género” es la guerra fría del siglo XXI.

Viejos y nuevos desafíos

Los desafíos del movimiento feminista son proporcionales a su potencia. Asistimos a una transformación de la sociedad como hace años no existía. Eso nos obliga a redoblar esfuerzos por revisar prácticas, actualizar ideas, formas de organización y todas las relaciones que construimos. Grabar certezas e insistir con viejas recetas parece un vicio del que los diversos feminismos (y las izquierdas en general) debemos desembarazarnos. Sólo apelando a la unidad de lo diverso podremos insistir con un feminismo, como dice bell hooks, para todo el mundo; un feminismo que será emancipatorio o no será, porque nos hace reconstruir y caminar hacia eso que llamamos libertad.

Artículo originalmente publicado en el Boletín de la Asociación de Historia de las Mujeres y Estudios de Género 

* Lic. en Economía. Miembro del comité editor de Revista Intersecciones.

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Sobre Revista Intersecciones

Revista INTERSECCIONES es una publicación colaborativa porque se nutre de aportes y reflexiones diversas, de disciplinas y proveniencias heterogéneas con un horizonte común: aportar en la búsqueda de intersección entre todxs aquellxs que hoy pensamos que no hay recetas preconcebidas y que el camino hacia la superación de las múltiples opresiones está por construirse.