por Ignacio Bisignano

Nunca el resultado de las elecciones cordobesas había sido tan previsible. Todas las encuestas vaticinaban un amplio triunfo del actual gobernador Juan Schiaretti que le permitía su reelección en el territorio cordobés. Y así fue, el peronismo local se impuso con amplio margen frente a una oposición frágil y dividida. No obstante, más allá de lo previsible, la elección del domingo dió lugar a una serie de sucesos que no muchos pudieron anticipar y que merecen un análisis más profundo. Si bien constituida una obviedad que Schiaretti sería reelecto en la provincia, no se esperaba que el oficialismo lograra una penetración electoral tan significativa en la ciudad capital, histórica fortaleza radical y eterno traspié para el peronismo. De hecho, la noticia de mayor impacto la constituye la derrota del radicalismo en la intendencia capitalina, se presenta como una rareza que en los próximos cuatro años un peronista como Llaryora, con poco peso y con gran desconocimiento popular, haya logrado arrebatarle las riendas del palacio 6 de julio al partido que históricamente se identificaba con el electorado de la ciudad. Otro dato resonante que ha dejado la jornada electoral constituye la ausencia del kirchnerismo, cristalizada en la frustrada candidatura de Pablo Carro, dada de baja horas antes de que finalice el cierre de listas, habilitando infinidades de hipótesis ante un abstencionismo electoral kirchnerista poco claro y con muchas lecturas disonantes. En este marco, llama la atención la incapacidad de la izquierda tradicional para lograr capitalizar el grueso de votos que el espacio de Carro dejó de lado ante su ausencia, es llamativo que una gran parte de ese 7 % u 8% que podía contabilizar el kirchnerismo, no halla emigrado al FIT o a alguna otra expresión de la izquierda. Por el contrario, el desempeño del Frente de Izquierda fue bastante pobre deteriorando notoriamente su porcentaje cosechado si se compara la reciente elección con los comicios celebrados en 2017, 2015 y 2013.

Ante los resultados electorales se precipitan una serie de incógnitas que merecen su debida atención y que por ello intentaré responder de modo reflexivo en la presente nota ¿Qué implicancias tiene esta elección cordobesa a nivel nacional? ¿Qué impacto tiene la derrota de Cambiemos? ¿Cómo queda parado el Kirchnerismo ante su significativa ausencia? ¿Cómo entender el desempeño de la Izquierda tradicional? ¿Es posible pensar en la construcción de una izquierda no sectaria en Córdoba?

Triunfo de Schiaretti

El triunfo de Juan Schiaretti en la Provincia de Córdoba tiene grandes dimensiones: sacó cerca del 54% en el escrutinio provisorio marcando una diferencia de 36,20 % con el segundo, sumó más de un millón de votos; consiguió la mayoría agravada en la legislatura provincial, esto es, más de dos tercios de las bancas; ganó en las 6 ciudades más importantes, incluida la capital; conquistó 25 de los 26 departamentos provinciales; le arrebató 38 localidades al radicalismo y contabilizó 242 intendencias, con la ciudad de Córdoba como conquista medular. Si bien era esperado un amplio triunfo del peronismo cordobés, nunca se pensó que los datos electorales fueran tan contundentes. Si a esto le sumamos una oposición débil, fragmentada y fuertemente golpeada por su enorme retroceso en el electorado capitalino, estamos en presencia de un gobernador reelecto con una montaña de poder inimaginable hace no mucho tiempo atrás. Con la magnitud de unas elecciones provinciales que ningún actor peronista puede ostentar, Schiaretti se proyecta como una figura de gran peso nacional, que tiene la pretensión de ordenar el confuso mapa político que atraviesa la Argentina. Por lo tanto, Schiaretti se consolida como pieza clave en los armados electorales que se cristalicen el 22 de junio.

Si se comparan las recientes elecciones con la contienda legislativa del año 2017, puede observarse en enorme cambio en la decisión del electorado. En dichas elecciones Cambiemos superó con gran diferencia a Unión por Córdoba contabilizando 48, 48% de los votos contra 30, 48% ¿Cómo se explica este gran avance del PJ en Córdoba? ¿Cuáles son las claves que pueden iluminar la gran diferencia entre 2017 y 2019? ¿Qué elementos permiten ver con mayor claridad la fortaleza electoral que tuvo Schiaretti en la elección del Domingo?

Una elección provincializada

Schiaretti logró provincializar la elección, la convirtió en una contienda local alejada de las disputas nacionales y en la cual, como el mismo gobernador había señalado, “Los de afuera son de palo”. El gobernador pidió explícitamente que ningún dirigente nacional se presente en el bunker de campaña: dirigentes como Pichetto, Urtubey o Lavagna no pudieron hacerse participes del triunfo peronista acaecido en territorio cordobés, tuvieron que contentarse con celebraciones y felicitaciones a través de medios virtuales. Por otro lado, se corrió el calendario de las elecciones provinciales al mes de mayo con el objetivo de que los sufragios nacionales de octubre quedaran bastante lejos. Esta desnacionalización de la campaña tenía el objetivo de dejar atrás los fantasmas de la elección legislativa del 2017, en la cual se instalaron dos actores dominantes, Unidad Ciudadana y Cambiemos, provocando que cualquier tercera vía local se viera arrastrada por la polarización. Ese color nacional de las elecciones legislativas contribuyó a que el electorado cordobés se inclinara mayoritariamente por una de las dos opciones dominantes, privilegiando el espacio de Cambiemos en detrimento del PJ local. Si uno observa los votos cosechados por Unión por Córdoba en 2017, y los compara con las contiendas electorales del 2011, 2013 y 2015, puede verse un gran retroceso en el caudal de votos. Si bien las condiciones del país y del gobierno nacional hoy son a las claras muy distintas, Schiaretti prefirió no repetir escenarios que resultaron devastadores para su espacio político. Es notorio que el oficialismo provincial logró su cometido e instaló un marcado sesgo localista en los debates y propuestas del grueso de los espacios políticos participantes.

El “cordobesismo” como bandera

De la mano de la provincialización de la campaña, Unión por Córdoba apeló a su receta más vieja pero también más efectiva: incentivar el “cordobesismo”. Con eslóganes como “Más Córdoba que nunca” o “Hacemos por Córdoba” Schiaretti se propuso activar ese orgullo local arraigado en la identidad cordobesa. De hecho, en su discurso triunfalista en el bunker de campaña, el gobernador recientemente reelecto narraba lo siguiente: “Soy un cordobés más, de barrio Talleres Oeste y egresado en la ex escuela pública Nacional 95”. Unión por Córdoba pretendió y pretende posicionarse como el único partido marcadamente cordobés, frente a los “partidos extranjeros”. Este sesgo de campaña podría constituir un simple dato de color, pero constituye mucho más que eso. Recordemos que Unión por Córdoba logró ganar sus primeras elecciones en el 1998 camuflando su peronismo y acrecentando la idea de partido independiente y cordobesista. Este tipo de propuestas interpelan fuertemente en la subjetividad del ciudadano cordobés, que enarbola una fantasía de isla independiente o de “Republica cordobesa”, rechazando todo aquello que se presente como nacional, pero sobre todo porteño o bonaerense. Una muestra de ello es el rápido ascenso que tuvo el Partido Nuevo liderado por Luis Juez allá por el 2003, que, presentándose como un espacio renovador, independiente y “hecho por y para los cordobeses” creció de la noche a la mañana deshaciendo la polarización entre el PJ y la UCR y alzándose con la intendencia de la ciudad.

Schiaretti como un “gestionador” despolitizado

Union por Córdoba se identifica como un partido más bien despolitizado o apolítico. Sus dirigentes se presentan como “grandes gestionadores” que no se sumergen en aquellas disputas políticas que “ponen palos en la rueda y no construyen”. La reciente campaña electoral se construyó con la máxima de Obras, no palabras, cristalizada en el eslogan “Juan Hace” y en el recuento de todas las obras consumadas en el largo período peronista que ya lleva 20 años. De hecho, parece ser un consenso que el programa de infraestructura que llevo a cabo Schiaretti en su gestión fue considerado necesario, impecable y positivo, sobre todo lo que implica rutas y autopistas. Si alguien le preguntara a cualquier cordobés promedio que valora de la gestión del actual gobernador, la respuesta es casi unánime. “Hizo muy buenas rutas y mejoró la conexión vial”. Este mote de “gestionador” también se relaciona con los programas de vivienda – en su mayoría configurados como guetos donde se alojan las clases populares muy alejadas de la ciudad y con una gran dificultad de acceso -, con su nefasta política represiva – Córdoba cuenta con más de 23.000 policías, lo que equivale a 680 efectivos cada 100 mil habitantes, lo que duplica lo recomendado por las Naciones unidas – y la inauguración de nuevos espacios públicos como parques, centros culturales y museos. La identificación que consiguió Unión por Córdoba como un partido cordobesista y que cuenta con dirigentes con gran capacidad de gestión, permiten que este partido político logre mostrarse no solo como un actor despolitizado o superador de la política, sino también desperonizado.

Un peronismo “desperonizado”

Si bien todos sabemos que Unión por Córdoba es claramente peronista, es importante notar que construyó una identidad que se aleja de las máximas que son moneda corriente en el PJ. Si ponemos la lupa en el discurso que Schiaretti emitió en el bunker de campaña, puede verse su intento por mostrarse distante al peronismo tradicional, o simplemente como un superador del viejo partido. De hecho, las pocas veces que nombró la palabra peronismo, se apuró a adjetivarlo como republicano, moderado, conciliador, etc. Es más, Schiaretti expresó que el peronismo debe entre otras cosas lograr el equilibrio fiscal, construir un estado que no sea una carga y moderar la grieta. Si se analiza con cuidado, estas reivindicaciones parecen ser las mismas que Cambiemos desea imponer, si Schiaretti hubiera nombrado el problema de la corrupción, ya estaríamos en presencia de un discurso con un marcado macrista. De hecho, la única critica que esbozo en contra del gobierno nacional, radicó en que “el derrame de la inversión privada no alcanza para solucionar los problemas de la gente”. De la justicia social, las mejoras laborales y las reivindicaciones tradicionales del peronismo no pudimos oír nada. Este tipo de discursos, van de la mano de su intención de mantener una buena relación política con Macri, ya que este trato bilateral, simboliza el ansiado consenso y moderación que exige la derecha y que permitirían “gestionar y hacer” sin trabas políticas y disputas “innecesarias”. Es notable como Schiaretti supo combinar las demandas del ciudadano cordobés conservador (al cual apunta) con la capacidad de conseguir recursos nacionales que le posibiliten llevar a cabo sus planes políticos.


Esta identidad “desperonizada” tiene su origen en el recientemente fallecido Juan Manuel de La Sota. Si analizamos la historia electoral de De La Sota, vemos que se presentó para la gobernación 1987 y en 1991 con una identidad marcadamente peronista y el logo del PJ encabezando la campaña. Los resultados de dichas contiendas electorales fueron grandes derrotas a manos del radicalismo que por aquellos tiempos se fortalecía con la figura de Daniel Angeloz. En 1995 De la sota no se presentó a las elecciones provinciales, pero si lo hizo Guillermo Johnson, otra vez con una notable estética peronista, y otra vez con una derrota a manos de la UCR. Fue luego de esos fracasos que De la Sota construyó Unión por Córdoba a partir de una alianza con la UCEDE. En esta nueva construcción De la Sota lavó su imagen, se presentó con propuestas alejadas de las reivindicaciones tradicionalmente peronistas, y logró finalmente alzarse con una victoria en las elecciones de 1998. De esta forma, De la Sota logró construir un partido anclado en una identidad cordobesista, “gestionadora” y “desperonizada” ¿Solo es posible conquistar al electorado cordobés mostrándose lejos del peronismo? ¿Es Córdoba una provincia antiperonista? No diría que Córdoba es antiperonista, pero sí antipopulista y conservadora. No hubo momento de mayor fortalecimiento local de UPC que en la etapa que De la Sota construyó una identidad anti-K en tiempos donde gobernada CFK ¿Qué puede ser más reacio a la mayoría del electorado cordobés que una expresión como la kirchnerista, presentada como un espacio populista e identificado con Buenos Aires? Por ello, cualquier opción kirchnerista y progresista tiene grandes dificultades de superar la línea de los 10 puntos en el terreno local.

El conservadurismo cordobés, incentivado por la fuerte tradición eclesiástica que impera en la ciudad, se suele identificar con una propuesta radical. Por ello, la UCR gobernó tantos años la provincia y hegemonizó su presencia en la capital. Cualquier propuesta peronista que se propone constituirse como una fuerza competitiva necesita tener gran apoyo en el interior de la provincia, ya que la capital, conserva una base electoral tradicionalmente ligada al radicalismo. En ese sentido, es sorprendente la performance en la ciudad que tuvo UPC en la reciente contienda electoral, tanto en las elecciones para gobernador como en las elecciones para intendente.

La sorpresa de Llaryora

El hecho más resonante que dejó la elección del pasado domingo fue la derrota del radicalismo en la ciudad de Córdoba, fortaleza histórica de la UCR. Lo que más llamó la atención es que la derrota fue a manos de Martín Llaryora, una figura con bajo conocimiento, identificado como externo a la capital – fue dos veces intendente de San Francisco -, y que casi no hizo campaña. Las razones por las cuales el actual vicegobernador pudo alzarse con el triunfo en la capital responden más a circunstancias ajenas que a virtudes propias. La unificación de las elecciones de intendente y gobernador y la boleta única permitió a Llaryora conseguir votos por el arrastre de Schiaretti en la contienda provincial. A pesar de ello consiguió un 12% menos que los 49 puntos que cosechó Schiaretti en la capital. En segundo lugar, en la disputa por la intendencia la división de Cambiemos en dos fuerzas – Córdoba Cambia con Luis Juez como candidato y UCR con Rodrigo De Loredo como candidato - fue mucho más importante y significativa que en la Provincia, ya que la suma de los votos cosechados por las dos fuerzas de Cambiemos, permitían superar la cantidad de votos que sacó Llaryora. Otra ventaja ajena con la que contó Llaryora, fue la pésima valoración de la gestión de Ramón Mestre en la capital por parte de los ciudadanos, sobre todo en materia de obra pública, justamente el mayor activo de la gobernación de Schiaretti. La mala prensa de Mestre contribuyó a que Llaryora se presentara como el sucesor natural, ya que proviene de un espacio “ordenador” y “gestionador”. atributos de los que parecía carecer la UCR en su intendencia capitalina. De todos modos, el candidato a intendente por la UCR Rodrigo De Loredo logró posicionarse como una fresca renovación del partido sacando casi el doble de los votos que cosecho Mestre en la capital. No es de extrañar que Mestre pierda su posición de líder de la UCR en Córdoba luego de su pésima elección en la Provincia de Córdoba consiguiendo tan solo 11 puntos.

Debido a que en el 2023 Schiaretti no puede reelegirse, Llaryora se presenta como su posible sucesor , pero posicionado como una figura más endeble y con poco peso. El futuro de UPC es bastante incierto, con la muerte de De La Sota y la avanzada edad e incapacidad de reelegirse de Schiaretti, el peronismo cordobés se ve obligado a apostar por figuras jóvenes como Daniel Passerini, Natalia De la Sota o Manuel Calvo, actores que no tuvieron el suficiente tiempo de construcción y que gozan de poco conocimiento popular.

Errores ajenos al oficialismo provincial

Más allá de los aciertos electorales propios, Unión por Córdoba logró recaudar una contundente cantidad de votos y una respectiva gran diferencia con la segunda fuerza, gracias a los errores y las falencias de sus adversarios. La fragmentación de Cambiemos consumó un escenario electoral en el cual mostró una oposición débil y poco competitiva. Esta circunstancia hizo que la mayor parte de un electorado cordobés que puede votar tanto a Cambiemos como al PJ local, se sumara al aire triunfalista que emanaba UPC, inclinando su elección por dicho espacio. Esta superposición de representación sobre la base electoral cordobesa que presentan Cambiemos y UPC, se refleja en la masiva votación al partido de Macri en 2017 y al enorme porcentaje acumulado por Schiaretti en las reciente elecciones del 12 de mayo. Por otro lado, el Kirchnerismo bajó su candidatura, y UPC se vio enormemente beneficiado. Schiaretti logro capitalizar para su espacio la mayoría de los votos que estaban destinados a Pablo Carro, y se aprovechó de la falta de interpelación que mostró el FIT para seducir al electorado kirchnerista.

¿Cómo impacta esta derrota en Cambiemos?

La derrota del domingo de un Cambiemos dividido, implicó un duro revés para dicho espacio. Ya son ocho las derrotas macristas acaecidas en diversas provincias del país en lo que va del año. Esta suma de fracasos electorales, constituyen una marea derrotista que puede tener gran impactó en la elección de octubre. Si después de ganar la provincia de Buenos Aires en 2015 Cambiemos encabezó su campaña hacia el ballotage con un aura triunfalista, las sucesivas derrotas electorales en las provincias pueden contaminar cualquier pretensión presidencial con un pesado aire derrotista. Sin embargo, aunque la derrota en Córdoba sea dolorosa para Cambiemos, no sería acertado vaticinar una gran evacuación de votos del espacio macrista hacia otra expresión política. El panorama es incierto y no esta claro por cual opción nacional va a inclinarle mayoritariamente el electorado cordobés en octubre, sobre todo si tenemos en cuenta el logro de Schiaretti de haber desnacionalizado la elección local. Obviamente el resultado tiene impacto en las proyecciones del gobierno nacional hacia la relección, pero es preciso tener en cuenta la volatilidad del votante cordobés ante espacios que a nivel general se asemejan y parecen superponerse – UPC y Cambiemos –

¿Podrían ir los votos de Schiaretti a alguna opción kirchnerista? Salvo el pequeño porcentaje que apoyaba a Pablo Carro, un traspaso de votos del PJ cordobés a Unidad Ciudadana parece implausible, sobre todo por el espíritu conservador y anti-kirchnerista que impera en los cordobeses ¿Entonces Alternativa Federal puede capitalizar la mayoría de los votos de Córdoba? Eso solo parece posible si esta fuerza logra instalar una figura con posibilidades reales y serias de ganar la presidencia, escenario que hasta el momento no parece hacerse presente, ya que se acrecienta y hegemoniza la polarización entre Macri y CFK ¿Esto implica que Cambiemos puede conservar su antes fiel electorado cordobés? Es evidente que en Córdoba también se siente el ajuste y el descontento con la gestión nacional viene siendo creciente. Ahora bien, el votante cordobés sigue siendo muy reacio a cualquier opción Kirchnerista y no siente ningún entusiasmo por alguna figura cercana a Cristina. Por lo que la proyección electoral de Córdoba a nivel nacional es abierta e incierta, no puede descartarse ni asegurarse ningún escenario.

¿Cómo queda parado el Kirchnerismo a nivel nacional?

Quizás hasta octubre no se sepa si la decisión de dar de baja la candidatura de Carro en Córdoba constituyó una decisión política adecuada o desacertada. Por un lado, al no presentarse, el kirchnerismo consigue trasladarle la derrota a Cambiemos: hoy los medios de comunicación hablan más del mal desempeño del macrismo que de la ausencia del kirchnerismo ¿en qué harían hincapié los medios hegemónicos si Unidad Ciudadana se hubiera posicionado cuarto con menos del 10 %? Sin embargo, es bastante grave que el kirchnerismo termine desarticulado, pierda en gran medida el aparato que comenzó a construir en 2017, y quede con escasa representación institucional en toda la provincia.

Una hipótesis que caló fuerte en la opinión pública consistió en que la ausencia de candidatura en Córdoba por parte de Unidad Ciudadana constituía un guiño de CFK a Schiaretti, dejando a su disposición un 7% u 8% del electorado que quedaba sin representación electoral y que podía inclinarse hacia UPC. Considero esta hipótesis como implausible: es necesario tener en cuenta tanto el marco de alianzas de Cristina a nivel nacional – considerando a Córdoba en conjunto con Salta como una de las provincias peronistas “imposibles” -, como la ayuda innecesaria en la cosecha de votos – era sabido que Schiaretti ganaba por amplio margen, más aún con Cambiemos dividido -. Por otro lado, Schiaretti se encuentra más propenso a ampliar a nivel nacional su experimento electoral cordobés que implicó una alianza del GEN de Stolbizer y el Socialismo de origen santafesino, antes que acordar con el kirchnerismo. En este marco, Schiaretti comparte la estrategia electoral de Lavagna: desea interpelar al macrista desencantando antes que al votante Kirchnerista.

Mala elección del FIT y modesto resultado para el MST

Otro dato que llamó poderosamente la atención fue la pobre elección que concreto el FIT. En la provincia cosechó solo el 2,5 % de los votos, perdiendo dos de las tres bancas que poseía en la legislatura provincial. Si bien el nivel de participación de las elecciones cordobesas del pasado domingo fue uno de los más bajos desde la vuelta de la democracia, es notorio el retroceso del armado trotskista si se contabiliza el desempeño del FIT desde el año 2013 desde el análisis numérico. En la elección del pasado domingo sumó 16.00 votos menos que en el 2017, 40.000 menos que en 2015 y 90.000 menos que en 2013. El trecho que existe entre el 7, 5 % que cosechó en aquella famosa elección legislativa que dejó a Liliana Olivero a las puertas del Congreso, y el 2,5 % sacados en el 2019, refleja una serie de desaciertos de gran profundidad. Sin embargo, el error electoral de mayor magnitud fue no haber aprovechado el abandono de la contienda electoral por parte el kirchnerismo, el FIT no fue capaz de interpelar al electorado de Pablo Carro y perdió la oportunidad de contabilizar una cantidad de votos significativa. Es decepcionante notar como el electorado kirchnerista emigró mayoritariamente hacia UPC, expresión del peronismo conservador, en vez de inclinarse hacia una alternativa de izquierda. El trotskismo debe plantearse seriamente su sectarismo y su capacidad de seducción hacia el votante progresista, es imposible pensar un espacio de izquierda competitivo y con apoyo popular sin aspiraciones de expansión hacia una base electoral progresista. Por otro lado, El FIT no logró ampliarse en términos de organizaciones, una vez más demostraron ser un mero frente ideológico, incapaz de contener a otras expresiones del trotskismo tales como el MST, que por su parte logró concretar una gran campaña con respecto a sus expectativas. Consiguió una banca en la legislatura provincial, contabilizando un poco más de la mitad de los votos acumulados por el propio Frente de Izquierda.

De todos modos, ambas expresiones de la izquierda tradicional presentaron una campaña incapaz de interpelar al electorado progresista que convoca Unidad Ciudadana cosechando una decepcionante cantidad de votos. Si se suma lo conseguido por el FIT y el MST tendremos 80.000 votos, mucho menos que los 144.000 cosechados por el FIT en 2013, y un poco más de los 75.000 que sumó García Elorrio en la elección del domingo. En este sentido, es un dato preocupante el significativo apoyo en las urnas que obtuvo Encuentro Vecinal, el partido ultracatólico que encabeza García Elorrio, reconocido activista antiabortista y creador del Portal de Belén, nefasta fundación donde las mujeres embarazadas son convencidas para no abortar o “redimidas” por haberse realizado un aborto. En la elección de la intendencia capitalina, el candidato de este espacio derechista sacó el 5,12 % posicionándose cuarto y desplazando a Laura Vílchez del FIT a la quinta posición. Es una señal de alarma que este tipo de partidos derechistas estén en crecimiento, sobre todo preocupa que tengan, hasta el momento, casi el mismo apoyo electoral que la izquierda tradicional en su conjunto.

¿Hay espacio en Córdoba para una izquierda amplia?

Si se tiene en cuenta la enorme hegemonía de las expresiones conservadoras (UPC, UCR y Cambiemos), la falta de un espacio progresista y el claro retroceso de la izquierda trotskista ¿Se abre la posibilidad para una izquierda amplia que tenga apoyo popular y proyección electoral? ¿Puede pensarse un espacio marcadamente anticapitalista, pero con capacidad de interpelación hacia el electorado cordobés? ¿Es posible construir un espacio de izquierda que pueda hacerle frente a una pesada derecha cordobesa que sostiene políticas antipopulares tales como el agronegocio, la especulación inmobiliaria y el sostenimiento de un enorme aparato represivo? Por el momento no se ha iniciado seriamente un proceso de aglutinamiento, empoderamiento y apoyo popular del espacio de la izquierda no sectaria. Pero las elecciones reflejan una trama política que expresa una ausencia de representatividad que podría cubrirse con una izquierda combativa, feminista y con perspectivas de amplitud. Resulta tarea necesaria comenzar a construir un espacio de tales características teniendo en cuenta que las posibilidades materiales no solo lo permiten, sino que también lo exigen. Es un gran avance que la izquierda comprenda que su intervención política no puede reducirse a la lucha social, sino que también debe apostar a la lucha electoral como vehículo de empoderamiento. En este sentido, la (finalmente frustrada) postulación de Checha Merchán como candidata Vicegobernadora constituyó para muchxs la esperanza de formular una alternativa para el presente. Sin embargo, también debemos extraer lecciones sobre los peligros, los límites y las desilusiones a las que nos exponemos al habitar espacios electorales con fracciones de los partidos hegemónicos. Sin resignarnos a los meros frentes ideológicos ni seguir reproduciendo las lógicas de la izquierda tradicional que se desea dejar atrás, es precis apostar a experiencias novedosas que interpelen a la parcial vacancia de representación actual. Córdoba podría ver el fortalecimiento de alguna expresión política combativa, feminista, con interpelación de los sectores progresistas y con apoyo de las capas populares. Las condiciones del campo militante y las clases populares en nuestra provincia no impiden el surgimiento de una izquierda de esas características, más bien lo exigen: ¡Pongámonos en marcha!

 

 

 

 

 

 

 

 

Compartinos tus ideas

¿Tenés algo que te gustaría compartir con nosotros?
¡No dudes en enviarlo!

Enviar artículo

Sobre Revista Intersecciones

Revista INTERSECCIONES es una publicación colaborativa porque se nutre de aportes y reflexiones diversas, de disciplinas y proveniencias heterogéneas con un horizonte común: aportar en la búsqueda de intersección entre todxs aquellxs que hoy pensamos que no hay recetas preconcebidas y que el camino hacia la superación de las múltiples opresiones está por construirse.