Por Sofía Ordynans

Con su nueva producción, “Las hijas del Fuego” la directora de cine argentina Albertina Carri abrió el pasado domingo la selección nacional de la 20 edición del Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI), que comenzó el 11 de abril y se extiende hasta el 22 del corriente.

 

“El Anti - Edipo lo escribimos a dúo. Como cada uno de nosotros era varios, en total ya éramos muchos. Aquí hemos utilizado todo lo que nos unía, desde lo más próximo a lo más lejano. Hemos distribuido hábiles seudónimos para que nadie sea reconocible. ¿Por qué hemos conservado nuestros nombres? Por rutina, únicamente por rutina. (...) Ya no somos nosotros mismos. Cada uno reconocerá los suyos. Nos han ayudado, aspirado, multiplicado” - 

Gilles Deleuze y Félix Guattari en la introducción de Rizoma, en 1977.

 

 

Cualquier introducción a la vida y obra de Carri, es tan solo un intento por una clasificación de la que siempre logra escapar. La certeza: Estudió Guión en la Universidad del Cine y se desarrolló como directora y productora. Realizó múltiples cortos, telefilms, series de televisión, videoinstalaciones y largometrajes, entre ellos “Los Rubios” (2003), “Géminis” (2005), “La rabia” (Bafici 2008), y su anteúltima, “Cuatreros” (2017). También dirigió y coordinó durante dos años, el Festival Internacional de Cine LGBTIQ “Asterisco”, hasta el 1ro de enero de 2016.

En fragmentos de algunas notas pasadas en las que anticipaba lo que hoy es “Las Hijas del Fuego” (cuando aún se encontraba presentando la experimental “Cuatreros”) Carri aseguraba no estar demasiado de acuerdo con las corrientes feministas que proponen una “apropiación de la pornografía” -género en el que ella misma inscribe su nueva producción- y en cambio ofrecía "desarticular la idea de propiedad (...) encontrar un acercamiento más amoroso".

Los términos “propiedad”, “pornografía” y “acercamientos amoroso” parecen difíciles de conjugar entre sí, pero el fragmento, extraído de la charla con Moguillansky que registró La Nación en Junio de 2016 y que sirvió de disparador en nuestro encuentro, despunta ejes impensados en la conversación. La articulación amable entre esos conceptos, de repente, se vuelve posible. 

“No me gusta la idea de apropiación, básicamente porque habla de una propiedad anterior; esto fue de alguien, entonces ahora vengo yo y lo tomo, me re-apropio, y en realidad no debería ser así” reafirma, ahora en diálogo con Revista Intersecciones, y aclara que “no me gusta idea de apropiarse de las palabras, en tal caso me interesa algo de la re-escritura de determinados géneros en el cine, que creo que es algo que vengo haciendo desde mi primera película ‘No quiero volver a casa’, un cruce entre policial negro y melodrama, y ‘Barbie también puede estar triste’ que es como mi obra pornográfica antes de ‘Las Hijas del Fuego’. 

Carri juega sobre el borde de lo establecido y lo subvierte desde adentro: “Barbie también puede estar triste’ era un corto que trabajaba sobre el género melodramático para desarticular la cuestión de género, no sólo cinematográfico, sino del género en general, porque ahí tomaba los tópicos de la telenovela, que es un género claramente de dominación a la mujer, y desde ahí rompía. Desde ahí, también, llegaba a lo pornográfico destruyendo ciertos, podríamos decir, cánones patriarcales”.

 

Teniendo en cuenta la trayectoria y los antecedentes con los que trabajaste la cuestión de géneros, ¿cómo surge la idea de realizar una obra como Las Hijas del Fuego?

“Supongo que fue una mezcla de todo esto, y de mis documentales también, es como una obviedad, porque siempre están en una frontera entre el documental y la ficción, y digo obviedad, porque son los textos que más he transitado en mi trabajo. Sale un poco de esa obsesión, como cierto gusto que tengo por romper con los géneros y no solo romper, sino también esta idea de reescribir, como si fuese a hacer un batido, ver qué pasa si agarras el género policial y le pones una peluca. Entonces esta película viene un poco hacia ahí, porque cuando dije que era ‘porno lésbico’, lo dije como una provocación”.

Y Carri provoca. Desde una reafirmación dulce del género pornográfico, genera una pieza que parte de esa aceptación que no pretende reapropiación, sino más bien un deseo rebelde, a su manera, de sacudir los bordes de esos géneros y sus contenidos, la reescritura de esos límites. Un burla inocente, pero profundamente política, de la categoría. Eso que se espera, con Carri no es. 

“No es nada de lo que se espera cuando se dice porno lésbico y eso es lo que la vuelve más interesante, porque de todas formas es porno lésbico. Lo que no significa que yo, ni el colectivo de mujeres que hicimos esta película, nos estemos apropiando o re-apropiando de él, sino que estamos escribiendo, ni siquiera un nuevo porno lésbico, sino ‘un’ porno lésbico, ‘un posible porno lésbico’, que no se vendría pareciendo para nada al que se viene haciendo hasta el momento”.

E incluso eso a lo que ella llama porno lésbico, tampoco lo es tanto: “Es particular porque es una película también profundamente narrativa, cuenta una historia, y la historia no está puesta en pos de las escenas de sexo, que es un poco la condición del porno, donde no importa cual sea la historia, lo único que importa es el garche. Acá importa todo, está todo en el mismo nivel, entonces en ese sentido también puede ser una película narrativa, una ficción narrativa con escenas de sexo explícito, se la podría llamar así también. Y es una película de amor también, no de las que estamos acostumbradas a ver”.

Esta bueno pensar esta doble delimitación, por un lado con cierto porno feminista y, claramente, con el patriarcal que ya conocemos y  a pesar de la aclaración sobre la apropiación de las palabras no puedo evitar preguntar ¿por qué porno y no post-porno?

“Yo no entiendo qué es el posporno, por eso no hablo mucho de eso. Lo empecé a escuchar cuando hice Barbie, justamente, que viajé a España a presentarla alrededor del año 2000, donde ya se empezaba a hablar del término en Barcelona. En ese momento era muy específica, en el postporno, la cuestión performática. Después creo que se amplió un poco el campo de batalla y se fue transformando en otra cosa. Por otro lado, a mi la cuestión del ‘post’ en general no es algo que me interese. Se supone que estamos viviendo la post-historia, o las post-verdad, en tal caso lo que me interesa es la idea de post-producción, no inscribo para nada a la película en el posporno; para mi es porno”.

“También, así como decía que no me gusta la idea de la apropiación de las palabras, aunque hay que encontrar otras formas de decirlo, también me interesa trabajar con la misma palabra. Porqué pornografía tiene que ser ese hecho heterosexual y capitalista que a mi me genera violencia, o incomodidad, y lo que yo hago no es pornografía, si la idea de la pornografía es justamente la excitación, y el goce de una u otra persona, de unx espectadorx. Bueno, yo entonces estoy haciendo pornografía. Tal vez encontrando nuevos espectadorxs que justamente no les interesó antes el género o que les pasó lo mismo que a mí. También creo que la película nace un poco de la incomodidad que me genera el relato en general, no solo el relato porno, sino la cuestión heterosexual como dada, como naturalmente dada. Realmente me pasa, empiezo a ver una película y digo ‘ay, otra vez, la historia de el y de ella’. Por ahí la película me interesa, pero ya el conflicto, entre el y ella, por más que se vayan afinando y se vayan refinando y complejizando, y los narcisismos se vayan desplegando de otros modos, la verdad es que si, me hace sentir una incomodidad y supongo entonces también, una necesidad de contar otras historias, de contar estas historias, de chicas que se aman”.

Porque las hay, además

“Claro, no se parece a mi realidad, tampoco. No tiene nada que ver. Entonces también es fuerte eso, vivir en un mundo que no da cuenta para nada de vos, de tu cuerpo, de tu voz, de tu forma de vida, de tu sexualidad”.

 

 

La propiedad de los cuerpos 

Nacido al calor de la misma cámara, el porno es uno de los géneros más antiguos dentro de la industria cinematográfica, y el patriarcal por excelencia, creado por los hombres por y para su goce y satisfacción, donde la cosificación de la mujer en todos sus aspectos, es premisa. En Argentina, se realizó hasta los años ‘70 de forma clandestina. En la obra de Albertina, es el corto “Pets”, con el que trabajó sobre materiales de archivo de antes de que se levanten las prohibiciones en los ‘70, con el que retrata la cara más salvaje y cruda de las fantasías y morbosidades de la perversión. 

Pets es “de una violencia extrema”. Uno de los archivos muestra que luego de rodar una escena de zoofilia, una mujer mira a cámara pidiendo clemencia, que se termine la escena. Detrás de cámara, la indicación de que continúe: “Es de una angustia tremenda y esta chica es claramente una esclava. Después el mundo se fue civilizando y esa esclavitud se fue transformando en algo más digerible, o en costumbres menos violentas a primera vista, pero el porno siempre tuvo esa característica, digamos”.

“A medida que las mujeres van ganando en derechos, también se va reescribiendo el porno, hay muchos pornos. Hay muchas mujeres haciendo porno en el mundo entero, tanto delante como detrás de cámara, produciendo, etc. Y esta película se inscribe en esa línea”.

La noción de propiedad también se subvierte y se subleva ahora, en las mismas formas de producción. El trabajo que Carri llevó adelante para la preparación y el rodaje de la película, no solo cuenta en muchos casos con actrices profesionales, sino que el trabajo previo con ellas y el resto del equipo, evidencia un contrato de cuidado, dedicación y respeto por la identidad, necesidad y voluntad de los “cuerpos disponibles” con los que ella trabajaría. 

El absolutismo del rol de dirección se despoja de la vanidad personal para emprender un viaje colectivo, cuya impronta de la novedad, la sorpresa, y la nueva experiencia se dejan ver en las dulces escenas cargadas de una frescura muy genuina. Todxs lxs sujetxs intervinientes en el film se introducen, involucran y vinculan. Claro, el viaje no había comenzado en en la camioneta de las escenas iniciales, sino mucho antes.

“Sí, trabajamos en esta cuestión de lo colectivo en ensayos previos, el conocerse entre ellas -que fue un mes antes del rodaje- y jugar. Empezamos con distintos ensayos-talleres, situaciones, tanto pasar letra como situaciones más de juego”.

“Es algo que yo no había hecho nunca en la vida, y fue muy emotivo en ese sentido, porque la película parte también de una idea. Si bien yo escribí un guión, y ahí estaban las escenas de sexo bastante detalladas, durante los ensayo fuimos buscando entre todas qué estaban dispuestas a hacer y no solo eso, sino también qué tenían ganas de hacer, qué les pasaba con esto de que yo las este filmando, que todo un equipo de chicas las esté filmando, qué querían hacer ahí, con la otra, con las otras. Eso fue muy intenso porque también generó esta intimidad que se ve en esos planos, porque ya había una confianza entre los cuerpos, claramente, y no solo entre los cuerpos que están delante de cámara -sino también detrás- Esto que contaba de Pets, hay un alguien del otro lado diciendo ‘dale, dale, hace esto y lo otro’, acá no. Era como un estar todas juntas a la vez, en esa situación”.

“Fue un gran aprendizaje para ellxs y para mi también, porque si bien ya había hecho porno con muñequitos o con archivo, no es lo mismo que tener ahí los cuerpos disponibles. Una amiga me preguntaba si cuando hacía la película no me calentaba un poco, y le contesté que no, que me la perdí completamente, porque estaba tan preocupada porque esas chicas estén bien… quizá si hago una segunda me pueda entregar un poco más a ese goce. Me preocupé de que se sientan cómodas, que estén contenidas, que la estén pasando bien, además de todo lo que te ocupas en una película, de lo que se ve, y la contención del equipo, la puesta en escena. Si bien yo trabajo mucho con actores y actrices, porque me interesa mucho la idea del cuerpo frente a cámara, en este caso era un nivel de exposición fuerte”.

“Fue muy genial el día que se me plantaron tres y me dijeron ‘bueno, en esta nos dirigís vos Carri’. Y yo dije ‘no, pero pará no era que, si ustedes están ahí, y yo quería cuidarlas, y lo que les pasa’… ‘no, no, no, acá decinos qué hacemos’ Y eso estuvo buenísimo, claramente me dirigieron ellas a mi, vinieron a pedirme que las dirija y cuando lo hicieron estuve y les dije, ahora así, ahora acá, ahora más allá. Pero a pedido”.

Quizá sin querer, es aquí donde Carri termina una vez más incorporando el elemento de lo testimonial. Muchas de las actrices vivieron esta experiencia de ser filmadas, y de ser filmadas desnudas, desnudas y teniendo sexo entre sí, por primera vez. El rasgo propio de la novedad es captado por la cámara, que registra la primera vez de muchas cosas, con los gestos que aportan lo nuevo, lo que no se termina de actuar, sino de lo que se siente. El registro documental, incluso a pesar de ser una ficción, está una vez más presente en la obra de Carri. 

 

 

Historias de contagios, no de herencias

¿Te apoyaste en algún concepto teórico para escribir el guión, o que atravesara la película?

“No, creo que no tengo un apoyo directo a algo. Me gusta mucho cierta idea que trabaja la película, que es la idea de contagio. En un momento la voz en off dice algo como: ‘se va formando un pueblo que busca una historia de contagio y no de herencia’. Creo que es una idea deleuziana, claramente, y te diría que hay algo de eso, algo de la idea de pandemia que me interesó, porque además para los griegos la pandemia era una fiesta, algo que arranca y no frena. Cuestión que también tiene que ver con lo sexual, el orgasmo tiene algo de eso, la relación sexual es una especie de meditación, algo que no se puede narrar, es algo del orden de lo inenarrable, de lo invisible, y creo que algo de eso era lo que me interesaba contar. Por eso también es una road movie, por eso también la idea de viaje, de movimiento, de banda, devenir en banda, diáspora”.

Desprende conceptos e ideas por todos lados. Leyendo el título, está también esta idea de la transformación, del renacer.

Si, y curiosamente la nota de BAFICI, dice que las chicas son las mejores, las más bellas agentes del caos que podría encontrar el cine argentino, porque hay algo de esa idea de agentes del caos, que se parece un poco a esto que yo menciono del contagio, de la pandemia, de la celebración. Hay una festividad, no si lo pensas en los términos apocalípticos y bíblicos (que igual la parte más linda de la biblia es el apocalipsis) sino que hay algo en lo caótico que también es muy contenedor”.

Y realista, quizá también. Esto de mostrar cuerpos que existen y no son los que se suelen ver gozando, donde hay una representación de cuerpos “distintos”que están en armonía, en alegría, que se contagian también entre ellas.

Si, durante el rodaje hacía el chiste sobre que estamos haciendo porno Disney, porque lo pornográfico siempre está relacionado como a la oscuridad, y sobre todo lo porno cuando además es colectivo, tiene esta idea del desastre, de pasada la noche, de drogas...

De fisura…

Si, la fisura, y acá es todo el tiempo festividad, alegría, sol, paisajes, es realmente porno Disney, y la verdad es que era un poco lo que también quería contar yo, y queríamos contar todas. Todas vinieron y aceptaron hacer la película, porque esta idea de lo festivo y de lo celebratorio las hacía sentir representadas, en lugar de la fisura, o la batalla, esto de estar todo el tiempo discutiendo y peleando. Por eso insisto con lo de las palabras, de tratar de encontrar otras palabras para esas apropiaciones. Encontrar otra forma que no sea todo el tiempo tener que estar dando explicaciones. Esta es una película que no da explicaciones, las cosas pasan, como cuando la ves a Natalie Portman que le cae un rayo en la cabeza, o se enamora. Bueno, acá también”.

“Es el contar también que esto sencillamente te hace feliz, te hace sentir más cómoda en la tierra y así como te decía anteriormente lo de la incomodidad que me genera todo el tiempo estar viendo texto heterosexuales, tampoco tengo ganas de que cada vez que vea un texto no heterosexual, tenga que ser una discusión. Quiero pasarla bien, que me cuente una historia, que sea bella, que tenga poesía”.

 

Hasta que la retina arda 

Albertina dirigió el Festival Internacional de Cine LGBTIQ Asterisco desde su nacimiento, en 2014, hasta el 2016 cuando con el cambio de gobierno la despojaron de su cargo. Si bien siguió durante ese año como colaboradora, fue la última edición de un Festival de alcance y repercusión internacional que, desguace mediante, no concretó la continuidad.  

“Fue devastador porque era un proyecto muy nuevo que se había armado con el grandísimo apoyo de la secretaría de DDHH anterior, pero que también lo articulamos desde la producción y la dirección con muchos ministerios, y había sido un trabajo de gestión inmenso. Por eso el Festival era lo que era, porque tenía muchos apoyos, y el cambio al nuevo gobierno fue devastador porque significaba volver a empezar de la nada. Al desaparecer el apoyo de la Secretaría de DDHH nos encontramos en la calle, y con todo un nuevo escenario en el que a todxs les tenias que volver a explicar lo que era LGBT, que no era necesariamente BGH lo que estabas diciendo, durísimo, pero de a poco fui volviendo al cine, me obligó a volver a hacer películas, como movimiento personal, social y cultural”.

¿Aportó a la mirada de ”Las Hijas del Fuego” haber pasado por la dirección del Asterisco?

“Sí, para mi fue otro de los grandes aprendizajes porque por un lado armar el proyecto en sí mismo lo fue, y fue un Festival temático que llamó mucho la atención de entrada. Los Festivales  temáticos caen en cierta maldición de tener que dar cuenta de qué tratan sus siglas o temáticas, y asterisco nunca se hizo cargo de eso y si bien también tuvo su sección de denuncia y por supuesto, de exponer las problemáticas de la comunidad, fue celebratorio desde la edición I. En ese sentido fue, por un lado, armar esa línea editorial junto a Peña y Trerotola, fue un gran aprendizaje y también lo fue haber estado viendo material del mundo entero durante dos años. También fue agotador, llegué a ver siete films por día, me decían ‘película’ y me ponía a llorar. Pero fue un lindo trabajo, y sin dudas LHDF surge un poco de esa experiencia”.

 

 

Las hijas de la historia 

 ¿Cómo ves al movimiento de mujeres y LGBT actualmente, con los debates que se están desarrollando a nivel público, social, cultural, mediático?

“Yo creo que es un momento histórico. Recuerdo hace unos años, te diría 5, 6 años, cuando nos hacían notas a las directoras mujeres Clarín, La Nación, esos medios que les gustaba muchísimo hacer eso, recuerdo reuniones en las que que todas se sentían incómodas llamándose feministas. En ese momento decirse feminista, era mala palabra, realmente, nadie lo entendía, no sabían de qué se trataba, pero generaba mucha incomodidad. Sin ir más lejos Cristina Kirchner, la última presidenta antes del muñeco este, decía ‘yo no soy feminista, soy femenina’. Ahora casi que da vergüenza no llamarse feminista. En ese sentido ya es una batalla ganada, enorme. Hacia dónde va el movimiento de mujeres, desconozco completamente. Pero creo que es un momento histórico sin dudas, importantísimo”.

“Estuve en la última marcha del 8M, que voy a varias, y me acordaba cuando hace 10 años fui a un ENM, yo tendría treinta y pico, y era de las más jóvenes en ese encuentro. Las de treinta y pico éramos las jóvenes, y las contabas, las conocías a todas. Eso en 10 años se transformó, y a lo que iba, es que una de las cosas que más me impactó y que me pareció más que emocionante de la marcha del 8M, es que la franja etaria mayoritaria es entre 17 y 25, y dije ‘ah, bueno, listo, dame los libros, o me voy a mi casa’. Es que es genial, es la posta, y en ese sentido tengo en que se está cocinando una cosa que ya es irreversible, ya es una batalla cultural ganada, ya se ganó”.

“Así como Rial se llama a sí mismo feminista y le da vergüenza decir determinadas cosas, hay algo de eso que ya se cocinó y se va a seguir cocinando, y que hay que ver eso en políticas reales cómo se va convirtiendo. Básicamente, hay que dar la batalla por el aborto, eso es la gran deuda de la democracia, es una barbaridad que en este país no haya ley de aborto. Creo que ahí es donde está apuntando el movimiento de mujeres en este momento en Argentina”.

 

Historias de herencias, no de contagios

Albertina y su hermana, Paula, son hijas del sociólogo Roberto Carri y de la licenciada en letras Ana María Caruso, militantes políticxs de Montoneros, ambos desaparecidxs luego de su secuestro y reclusión en el centro clandestino conocido como Sheraton, un 24 de febrero de 1977. La causa se inició en Morón en 1984 y recién 41 años después, las hermanas declararon por primera vez en un juicio oral, el pasado 19 de Marzo. Cuando secuestraron a sus padres, Albertina tenía tan solo 3 años, y su hermana Paula, 11.

Ellas estaban jugando en la vereda cuando vieron acercarse autos particulares, patrulleros y camiones del Ejército. Le avisaron a Roberto. De inmediato se desplegó un operativo en el que participaron alrededor de cincuenta personas, y duró un plazo en el que no se desperdiciaron minutos para saquear la casa, llevarse libros, muebles, mesas, camas, bibliotecas, artefactos de baño y cocina, máquinas de escribir, panfletos, papeles.

“Lo recuerdo como una película. No lo recuerdo con angustia, sino como algo que le pasó a otrx. Llegaba a mi casa con mi hermana del medio, Paula. Era de día, y venían unos autos a toda velocidad. Paula me agarró del brazo, porque se dio cuenta de que venían a buscarnos, empezamos a correr, nos tropezamos, nos agarraron de los brazos. Paula lo recontraputeó al tipo, lo pateó, lo mordió, se soltó, se metió en la casa y yo me quedé ahí afuera. Después, mi memoria salta a cuando nos llevaban en el auto, que mi hermana gritaba y decía que en el otro auto estaba mamá, y uno de los tipos decía que no, que se callara, y mis dos hermanas lloraban y yo no entendía por qué lloraban. Pregunté adónde nos llevaban y me dijeron «con tus abuelos», y a mí me dio una alegría bárbara, porque se venía el ‘malcriadismo’” había descrito para Rolling Stone, hace 8 años, al recordar con inocencia, ese momento de su infancia. 

Roberto Carri y Ana María Caruso de Carri eran integrantes del área de Prensa de la Zona Oeste de Montoneros, en la provincia de Buenos Aires, y conocidos como Coco y Sarita. Por distintos testimonios, se supo que Roberto y Ana María estuvieron secuestrados por lo menos hasta diciembre de 1977 en el Centro Clandestino de Detención conocido como “Sheraton”.

Luego de haber tenido la posibilidad de mantener un intercambio epistolar entre Robert, Ana María y sus hijas, el 29 de diciembre de 1977 fue el último encuentro familiar en la casa de la abuela paterna.  Roberto se mostró sumamente preocupado y le pidió a su madre que tomara contacto con militares de peso. María Elisa se conectó con el coronel Luciano Sacchi, y éste a su vez con el general Sasiaiñ: iba a investigar. A partir de esa fecha se interrumpió todo contacto con Roberto y Ana María y ha sido así desde entonces. Permanecen desaparecidos.1

Teniendo en cuenta las producciones que realizaste en torno a la memoria, a la identidad, de reconstrucción, qué te generó, después de tanto tiempo, el tener que ir a declarar por la causa,, en una fecha, además, simbólicamente muy fuerte, en el momento en el que estamos, y luego de tanto tiempo. 

 “ Por un lado nos veníamos preparando con mi hermana hace tiempo, porque la causa está presentada hace años. La elevación a juicio fue el año pasado, entonces la fecha fue cambiando, así que estamos hace varios meses con tema. Cuando se fue acercando la fecha, por supuesto, se empezó a generar una expectativa medio extraña porque más allá de que yo venía trabajando el tema en mis películas, no tiene nada que ver con la escena en sí misma del juicio, y con contarlo en ese espacio, con contarlo con detalles, realmente haciendo el esfuerzo. Fue una experiencia agotadora, todavía no dimensiono exactamente de qué se trata, fue muy reciente, pero lo que me sucedió fue de sentir una incomodidad de volver a contar, una vez más, con los detalles escabrosos”. 

“Nunca lo había contado en esos términos, sino que siempre lo conté en términos vitales, de supervivencia vital, y ahí tenía que rememorar lo peor porque eso era lo justo. Pero en ese acto de justicia, resultaba también, muy injusto para mí tener que estar ahí, y creo que se trataba un poco de eso. Personalmente, no voy a hablar en términos de colectivos de hijos de desaparecidos ni nada, viví mi cuerpo como un acto de injusticia tener que, 41 años después tener que ir a revivir esa historia. Sin embargo, me parece que es un gran acto de justicia en términos colectivos ¿no? Porque no me paso solo a mí, sino que es algo que nos sucedió a lxs argentinxs, y eso me daba cierto alivio y me curaba de algún modo esa sensación de injusticia, sentir que también estaba siendo finalmente un acto de justicia, siendo entregado este relato a donde debía ser entregado de una buena vez, aunque sea 41 años después. 

 

¿A qué te referís exactamente con injusto? ¿Por tener que volver a la situación de contar, por el tiempo que paso?

Porque emocionalmente es un cimbronazo muy fuerte volver a estar ahí, a mi ese hecho me sucedió cuando tenía 4 años, es un esfuerzo enorme recordar cosas, lo fue a lo largo de todo este tiempo y también reconocer eso, que yo estuve todo ese tiempo recordando. Casi que cuando termine el relato y el juez me dijo si puedo ser testigo, dije ‘ahora me olvido todo, si, ahora me viene un ataque de amnesia’. De verdad fue como una entrega y en ese sentido, como un gran peso para el cuerpo, para la emoción, para la vida cotidiana. Claro que en el transcurso de la vida no vivís con eso todo el tiempo porque es imposible, pero es como una cosita que está ahí dando vueltas. Realmente mi vida es otra cosa, ya estoy completamente en otra y tengo derecho a estarlo”.

¿Cómo definirías el rol que cumple el arte y el cine en tu vida?

“Creo que solo el arte salvará al mundo. Es una frase que digo de hace muchos años, pero  antes no la decía con tanta convicción, la decía como algo medio jocoso, y cada vez estoy más convencida. Personalmente no me hallo en otros espacios, el arte es también mi espacio político y tengo, por otro lado como un gran respeto por lo audiovisual pero no por eso tengo un trato solemne. Tengo una relación casi de sujeto con el cine, me enojo, me peleo, no le hablo, me vuelvo a enamorar, es mi relación mas larga, de hecho, hablando de relaciones vinculares, de un vínculo muy profundo. Es donde puedo narrar, preguntarme cosas y también aprender. Por otro lado, así como te decía que cuando haces una película nunca se sabe qué le pasa a los demás, para mi, con que ciertos espíritus se sientan mínimamente modificados, ni siquiera transformados, pero sí tocados, bien por incomodidad, bien por felicidad, bien por entusiasmo… Es también atravesar cierto estatus quo, porque como digo esto de que tengo un vínculo personal con lo audiovisual, también tiene que ver con que no creo en la transparencia al medio, no creo que porque se ponga una cámara ahí y eso se esté contando, sino que creo en otro tipo de producción -volviendo al post- y también en ese sentido es un género inagotable, es como una fuente de vida, creo que por eso es definitivamente mi vinculo mas largo. No se termina nunca, es infinito”. 

 

 

Las hijas del Fuego - Albertina Carri - 2018

Trailer: https://vimeo.com/262601911

Ficha técnica

Idiomas: Español

Color: Color - Blanco y Negro

Minutos: 115

Director de fotografía: Inés Duacastella, Soledad Rodríguez

Guión: Albertina Carri

Año: 2018

Formato: DCP

Sonido: Mercedes Gaviria

Edición: Florencia Tissera

País: Argentina

Dirección de arte: Flora Caligiuri

Productor: Eugenia Campos Guevara

Intérpretes: Disturbia Rocío, Mijal Katzowicz, Violeta Valiente, Rana Rzonscinsky, Canela M., Ivanna Colonna Olsen

Producción ejecutiva: Eugenia Campos Guevara, Violeta Uman, Agustina Llambi Campbell

Compañía productora: Gentil

1. Información extraída del Informe del CELS 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Sobre Revista Intersecciones

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