Por Gabriela Mitidieri (Democracia Socialista)*  

Padre Pepe Di Paola,

En el día de ayer, usted, reconocido referente entre los curas villeros por su trabajo territorial en la Villa 21-24, realizó una polémica intervención en el marco de los debates previos al tratamiento del proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo en las cámaras legislativas.

Comenzó haciendo una poco feliz reflexión acerca de las admirables compañeras detenidas desaparecidas que defendieron la vida y se negaron a abortar. Producto del olvido o por el poco tiempo con el que contaba para exponer, se le pasó por alto la labor de aquellos curas que bendijeron la expropiación de sus bebés. Pero no conforme con esto, prosiguió y arremetió con el eje central de toda su exposición. En sus palabras, lisa y llanamente, “El FMI es Aborto”.

Desde esta humilde cantera de ideas, como parte de un colectivo de feministas de izquierda, como compañeras que intervenimos en ese campo popular, ese del que usted se siente parte, quisiéramos dejar en claro algunos puntos. Serán tal vez para muchxs verdades de perogrullo pero en este estado de cosas no podemos darnos el lujo de que nos embarren la cancha de esta manera así como así.

El derecho al aborto legal, seguro y gratuito no es eugenesia, no es control de la natalidad “para los pobres”. Es una lucha feminista por el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos. ¿Sabrá usted de las historias de vida de compañeras que llegan al CESAC de la 21 con embarazos no deseados a cuestas? ¿Será que desconoce la existencia de una asamblea de mujeres en la villa que viene peleándole a los femicidios, a las violencias machistas? ¿Que el 12 de mayo organizaron un pañuelazo por el aborto legal? Porque las compañeras saben que la obligación de ser madre es violencia machista. El proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo, es enfático justamente en ese punto: el lugar de la voluntad. Es un marco de derechos que refuerza la idea de maternidad deseada y no impuesta.

Poner el ojo en el FMI fue un giro argumental que nos sorprendió a muchas ayer. Plantear que los organismos de crédito internacional fomentan el aborto como práctica eugenésica parece desconocer que nuestra lucha es intrínsecamente por acceso a la salud pública, a programas de salud sexual y reproductiva, a que se garantice nuestro derecho a recibir educación sexual integral en el marco de una educación laica y gratuita para el pueblo. Y el Fondo viene acá a reforzar el ajuste, a fuerza de tarifazos e inflación, cierre de paritarias, recorte presupuestario de todo lo que implique acceso a lo público.

En este estado de cosas, sería interesante que usted Pepe, quien se enuncia como parte del campo popular, tal vez optara por revisar críticamente el rol de la institución a la que pertenece y su grado de complicidad y connivencia con este momento de crisis social. En lugar de arremeter contra el feminismo -lo sabemos, probablemente sea un gaje del oficio clerical que le venga pegado a la sotana- podría condenar férreamente el apoyo de la Iglesia a la última dictadura militar, la aceptación pasiva del aniquilamiento de lxs más combativos de entre lxs suyxs. Podría expedirse sobre cómo la pedofilia que caracteriza a su institución atenta contra la posibilidad de infancias dignas y libres. O de cómo alimentan con sus discursos de odio la estigmatización y condena de las vidas de quienes somos maricas, tortas y travas del campo popular. Porque eso es otro elemento a repasar de su discurso: el pobre es un sujeto monolítico. Ya casi ni agencia tiene en sus palabras. Se refiere a ellos en masculino en toda su intervención. Se olvida de las compañeras, se olvida de que también hay lesbianas, hay putos en sus barriadas. ¿Lxs recibirá sin reparos en la Caacupé?

Atravesamos momentos difíciles, Pepe. Vienen por todo. El derecho a decidir sobre nuestros cuerpos es una conquista que le queremos arrancar al estado en un momento en el que lo público está en cuestión. Apoyar nuestra lucha es ser consecuente con la defensa de lo público, con la pelea cotidiana por conseguir que lxs de abajo tengamos existencias menos precarias, más felices y dignas. En eso estamos.  

* Gabriela Mitidieri es Lic. en Historia (UBA), becaria doctoral del CONICET, docente en el profesorado de historia Alfredo Palacios y miembro del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género (Facultad de Filosofía y Letras - UBA).

 

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