por Emiliano Exposto y Gabriel Rodríguez Varela

 

La forma-mercancía es el aleph de la sociedad capitalista

(no metafóricamente)”

 

Problema general. El proyecto teórico y práctico de la Crítica clínico-negativa se inserta en el marco del problema general de las denominadas “crisis del marxismo contemporáneo” (Roggerone, 2018) y “crisis actual del psicoanálisis” (Acha, 2018).

Contribución. El proyecto de la Crítica clínico-negativa se justifica sí y sólo sí logra contribuir, junto a otras elaboraciones teóricas y prácticas imprescindibles, con la reconstrucción intergeneracional de una crítica radical de la moderna sociedad capitalista.

Campo crítico-técnico. En función de atender al problema general y avanzar en su contribución, el proyecto de la Crítica clínico-negativo establece un campo crítico-técnico estructurado en el punto convergencia entre la herencia crítica del marxismo y la tradición clínica del psicoanálisis, en tanto que praxis por principio comprometidas con la realización de las posibilidades inmanentes encorsetadas en la modernidad capitalista. En ese sentido, la Crítica clínico-negativa, en la medida en que no podría sino compartir un tal compromiso, se dispone a reformular los términos mediante los cuales se establece el “problema de los índices de eficacia” y el “problema de los obstáculos reales” (Rozitchner, 1966) que obturan la construcción colectiva del proyecto civilizatorio de una modernidad post-capitalista.

                                                               Por Lisandro Silva Mariños[1]

El FAS se caracterizó por ser una experiencia política-organizativa de gran importancia durante los años ´73 y ´74. Impulsada por el Partido Revolucionario de Trabajadores (PRT), se constituyó a los fines de orientarse como un ejército político de masas, y pasó a la historia por ser una herramienta organizativa que agrupó a diferentes tendencias de la izquierda marxista ampliada (guevaristas, trotskistas, consejistas y libertarios) y el peronismo revolucionario, estableciendo un programa político, un estatuto, regionales provinciales, lo cual la llevó a construir congresos masivos que se proyectaron como alternativa de masas de cara al tercer gobierno de Perón. Repasamos en este artículo su emergencia, desarrollo, potencialidades, limitaciones, debates internos y balances a concluir para la etapa actual.

 

Tras su paso por el Bafici, se estrenó el mes pasado y va a seguir en cartel durante todo noviembre en el auditorio del Malba los domingos a las 18 hs. la anteúltima película de Martín Marina, Mujer nómade, un retrato de la filósofa Esther Díaz.

Por Miguel Savransky

Las películas de Martín Farina son mayormente retratos bastante artesanales que persiguen los rasgos distintivos de una subjetividad. En ellos la forma cinematográfica tiene cierto correlato con las líneas de fuerza singulares de la persona retratada. En este caso se trata de Esther Díaz, filósofa heterodoxa y díscola de una amplísima trayectoria académica y una ardiente intensidad vital signada por experiencias-límite que basculan entre la negatividad trágica de la angustia, el dolor y la pérdida y la positividad de la afirmación creadora del pensamiento, los modos de vida y el uso de los placeres. Ciertamente, la historia y la figura de Díaz merecían una película y Farina supo ver esa potencialidad, extraer de ese encuentro duradero una serie de materiales capaces de sostener una narrativa en permanente tensión y plasmarlos en una puesta en escena fuertemente constructivista, ficcional y artificial pero a la vez paradójicamente íntima, confesional y verdadera.

 

por Jasper Bernes

Dos gigantes del pensamiento revolucionario pasaron de este mundo en 2018. A través de ellos, podemos vislumbrar las orillas distantes de una sociedad sin clases.

Aparecieron primero en Italia, luego en el Reino Unido, luego en los Estados Unidos: manifestantes enmascarados que portaban escudos pintados para parecerse a las portadas de los libros. A raíz de la crisis económica de 2008, mientras los políticos y administradores aumentaban las matrículas universitarias, los estudiantes llevaban estos escudos mientras ocupaban edificios y combatían a la policía en las calles. Había, ahora está claro, reglas para la selección de un buen título. Muchos nerds marxistas se rieron de la imagen ganadora de la Dialéctica negativa de Theodor Adorno golpeando sobre un policía antidisturbios con el bastón en alto. En este caso, el ingenio de las calles dio título a las acciones emprendidas por la multitud. Sin embargo, en otros casos, proporcionó un nombre para la multitud misma: aquí, The Unseen de Nanni Balestrini, y allí, Invisible Man de Ralph Ellison. Más allá del ingenio, un buen título debe ser radical y debe ser prominente.

Tener tu libro instalado en una biblioteca como esta, usado para repeler balas de goma y bastones de la policía, es probablemente una medida de importancia política tan importante como cualquier otra. Es por eso que, a principios de este año, después de escuchar la noticia de que Ursula LeGuin había muerto, pensé que la mejor manera de transmitir la importancia política de su trabajo fue compartir una foto de Oakland, tomada en octubre de 2011 durante una marcha organizada por el campamento Occupy, en la que la novela de LeGuin, Los disposeídos avanza junto a Los condenados de la tierra de Franz Fanon y Assata de Assata Shakur, dos libros radicales que he a menudo citado como formativos. LeGuin puede, creo, reclamar con seguridad a estos escritores como compañeros. Los desposeídos es la mayor novela utópica del siglo veinte, el pico más alto de una montaña de logros literarios.

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Sobre Revista Intersecciones

Revista INTERSECCIONES es una publicación colaborativa porque se nutre de aportes y reflexiones diversas, de disciplinas y proveniencias heterogéneas con un horizonte común: aportar en la búsqueda de intersección entre todxs aquellxs que hoy pensamos que no hay recetas preconcebidas y que el camino hacia la superación de las múltiples opresiones está por construirse.