• “Sólo el marxismo explica por qué el capitalismo es inhumano”

    Entrevista a Michael Löwy.

     Por Facundo Nahuel Martín

     La primera pregunta que queremos hacerte tiene que ver con la crisis del marxismo. El marxismo fue dado por muerto varias veces en su historia, pero particularmente en los años ’80 y ’90. Tanto en la academia y como en la política se impuso una impresión muy fuerte sobre la muerte del marxismo, y pareciera que luego de la crisis de 2008 (crisis económica mundial) hay una “rehabilitación” de la teoría marxista. ¿Cómo leés ese fenómeno, cómo lo analizás?

    Sí. Mira, hay una frase interesante que dice así: “El marxismo está definitivamente muerto para la humanidad”. ¿Fecha? ¿1989? No. ¿1921? Tampoco: 1907, Benedetto Croce. Diez años después, Revolución Rusa. De esas previsiones de la muerte del marxismo, hubo miles y las va a seguir habiendo. En cuanto exista el capitalismo va a existir el marxismo. Obviamente. claro que hubo una coyuntura favorable a eso de la crisis del marxismo, que fue la caída de la URSS. Mucha gente creía que la URSS era la encarnación del marxismo y todo eso obviamente generó condiciones para que la burguesía tratara de librarse de una vez de ese espectro: el espectro del marxismo, el comunismo y el socialismo. Pero creo que no lo lograron.

  • Algunos elementos centrales de estrategia revolucionaria

     

    François Sabado [1]

    A pesar de que las correlaciones de fuerza a nivel mundial siguen siendo claramente desfavorables para el mundo del trabajo, una serie de factores vuelven a poner a la orden del día una nueva discusión sobre cuestiones estratégicas: la crisis del neoliberalismo, la guerra de Irak y las amenazas de intervención en otros lugares del mundo, la remodelación social-liberal del movimiento obrero y sus contradicciones, la discusión en el seno de la izquierda sobre la participación gubernamental, la profundidad de la crisis social y política en América Latina, los procesos revolucionarios en Venezuela y Bolivia, la discusión impulsada por Chávez sobre el socialismo del siglo XXI… Hay un retorno de las cuestiones estratégicas.

  • El Estado y la transición al socialismo. Entrevista realizada a Nicos Poulantzas por Henri

     

    Publicada originalmente en Critique Communiste, nº 16, junio de 1977. Transcripción y notas: Adrián Sánchez.

    Henri Weber (n. Khodjent, Tayikistán, 1944) es un político, filósofo y politólogo francés. Nació en el seno de una familia de relojeros judíos originaria de la Alta Silesia, de una zona situada a pocos kilómetros del tristemente célebre campo de exterminio de Auschwitz, y trasladada a la URSS durante la Segunda Guerra Mundial. En su juventud fue miembro de una organización sionista de izquierdas. Emigrado a Francia, en su época de estudiante ingresó en la Unión de Estudiantes Comunistas (UEC), organización vinculada al PCF. Fue expulsado en 1965 de la misma junto a un importante sector en el que se encontraban figuras como Alain Krivine, dando nacimiento a las Juventudes Comunistas Revolucionarias (JCR), embrión de la futura LCR francesa. En la Liga dirigió su semanario, Rouge, y su revista, Critique Communiste, entre 1968 y 1976. Fue uno de los principales líderes estudiantiles del Mayo del 68. En los años 80 abandonó la izquierda revolucionaria, ingresando en el Partido Socialista francés, por el cual fue senador,  y actualmente es eurodiputado. Es  autor, entre  otras obras,  de  Marxismo  y conciencia de clase (Madrágora, Barcelona, 1977) y, junto a Daniel Bensaïd, de Mayo 68: un ensayo general (ERA, México, 1969).

  • El maestro del tiempo

    Semblanza de Moishe Postone (1942-2018)

    Por Juan Diego González Rúa y Facundo Nahuel Martín

     

    Moishe Postone ha muerto. Escribimos este artículo para recordar a este intelectual desafiante y radical, el más importante que haya producido el marxismo en décadas. Postone se aventuró a ser un intransigente lector de Marx a contrapelo del sentido común dominante de nuestro tiempo. Su libro principal, Tiempo, trabajo y dominación social, fue publicado en 1993, cuando los vientos triunfalistas del "fin de la historia" querían barrer la crítica radical del capital del horizonte de lo pensable. Su escritura difícil, abstracta, poco concesiva con el lector, nos parece en sí misma un gesto político. Postone nos enseña a trascender el inmediatismo bobo de la experiencia cotidiana para fijarnos críticamente en las categorías sociales objetivadas que organizan nuestra vida, empezando por el valor, el trabajo y la mercancía. Después de Postone no podemos volver a pensar nuestro mundo social sin asumir ese punto de partida indispensable que es la crítica radical del capital y sus categorías sociales mediadoras, estructuradas por y estructurantes de la vida de las personas en la sociedad moderna. Nos tocará a otros, seguramente menores en talla, caminar sobre la huella abierta y volver sobre las infinitas implicancias de la lectura categorial de Marx y la crítica históricamente determinada del capital. La deuda intelectual y política que nos mueve a hacerlo es infinita.

  • Hacia una renovación del paradigma dependentista

    Entrevista con Claudio Katz, 18.4.2018

    Por Stefan Pimmer

     

    Claudio Katz es uno de los exponentes más destacados de la teoría marxista de la dependencia en América Latina. Próximamente va a publicar un nuevo libro en el cual reivindica una renovación del paradigma dependentista. Conversamos con él sobre este trabajo en curso, incluyendo su evaluación de los debates dependentistas de los años sesenta y setenta, su reivindicación de la figura de Ruy Mauro Marini, el estado actual del dependentismo en América Latina y el mundo, así como la necesidad de adecuar las reflexiones dependentistas a las particularidades de la fase capitalista actual.

  • La actualidad de la teoría del valor de Marx: A propósito de “Tiempo, trabajo y dominación social”, de Moishe Postone

    por Antoine Artous

    Traducción de Valentín Huarte

    Aunque participó en el último congreso Marx Internacional en París en setiembre de 2007, Moishe Postone, profesor de historia de la Universidad de Chicago, es poco conocido en Francia. Sólo había sido publicado, en 2003, una colección de tres artículos con el título ¿Ha enmudecido Marx? Frente a la mundialización. Editado en lengua inglesa en 1993 -con una reedición en 2003-, Tiempo, trabajo y dominación social no ha sido objeto de discusión en Francia, aunque ha ocsionado muchos debates en el mundo anglosajón [1].

    Es un libro importante. En primer lugar, por el carácter particularmente ambicioso de su proyecto, formulado desde su subtítulo: “Una reinterpretación de la teoría crítica de Marx”; también por la fuerza que tiene su crítica a lo que denomina “marxismo tradicional” y por su propia lectura de Marx, desarrollada a partir de la cuestión decisiva en la tradición marxista de la crítica del trabajo, en relación con la problemática de la crítica de la economía política.

  • La izquierda ante el proyecto de la modernidad. Una discusión aceleracionista

     

    Reseña de Nick Srnicek y Alex Williams, Inventing the Future. Postcapitalism and a World without Work. Londres: Verso, 2015.

     

    Tal vez los flujos todavía no están lo suficientemente desterritorializados, ni lo suficientemente decodificados

    Gilles Deleuze y Felix Guattari

     

    Por Facundo Nahuel Martín

     

    ¿Heredaremos la historia?

    Miguel Enríquez, dirigente del MIR chileno, dio en 1973 un importante discurso convocando a la resistencia contra las fuerzas golpistas que se preparaban por entonces para derrocar a Allende. Al cierre de su discurso pronunció una frase que se ha hecho conocida en el activismo latinoamericano: “¡Adelante con todas las fuerzas de la historia!”. La frase, un curioso llamado a ir hacia adelante pronunciado en un adverso contexto de resistencia, expresaba un fondo de sentido epocal que hoy parece perdido. El marxismo predominante en el siglo pasado se caracterizó, en la mayoría de sus expresiones, por un optimismo más o menos ingenuo ante los procesos de modernización, confiando en que la dinámica de la historia como tal, motorizada por el desarrollo de las fuerzas productivas o lo que fuera, empujaba hacia la emancipación social. Se trataba entonces de “hacer avanzar” a las fuerzas de la historia, en su curso tanto liberador como inevitable, hasta llevarlas más allá del capitalismo. En ese camino podían aparecer retrocesos, traspiés, derrotas incluso, pero todo ello tendría el signo de lo transitorio, de lo pasajero. En última instancia, “la historia” prevalecería, y con ella nuestro triunfo, el triunfo de la izquierda, se revelaría inevitable. Esta convicción, no siempre tematizada del todo, ha estado implícita de manera casi omnipresente en los sedimentos profundos de la cultura de izquierdas del siglo XX.

    Hoy podemos decir que la sensibilidad de izquierdas se ha invertido radicalmente en el punto en cuestión. Al parecer, de existir algo como las “fuerzas de la historia”, éstas no son las nuestras sino las del capital. Ya no se trataría de propulsar el progreso histórico sino de detenerlo o al menos demorarlo, echando mano (por recuperar la metáfora de Walter Benjamin) al freno de emergencia de la historia. Las personas nos sentimos llamadas a resistir frente a un sentido de la historia que es propulsado exclusivamente por el capital y los Estados que lo secundan. El neoliberalismo ha sido tan exitoso en su tarea de monopolizar la idea misma de modernidad que identificamos de modo inmediato la modernización con su agenda, la de gobiernos y empresarios. Como si ser de izquierdas fuera proteger los remanentes de lo capitalista viejo contra lo capitalista nuevo, o incluso soñar con el retorno imaginario a un estado de socialización precapitalista.

     

  • La revolución cubana

     

    Daniel Bensaïd

    Traducción: Valentín Huarte

    En este texto, que sirvió de base para un informe presentado en el IIRF (Institut international de recherche et de formation), en el marco de un ciclo sobre la revolución cubana llevado a cabo en abril-junio 1985, Daniel Bensaïd vuelve sobre la forma en que la revolución cubana ha planteado cuestiones centrales para toda estrategia revolucionaria.

    En este breve informe sobre la revolución cubana, examinaremos tres cuestiones centrales para el desarrollo de la revolución socialista:

    1. Una situación específica de dualidad de poder y la transformación por transcrecimiento de una revolución democrática en una revolución proletaria.
    2. La formación de una dirección revolucionaria en el curso mismo de ese proceso.
    3. El acto de nacimiento de un Estado obrero y sus características particulares.

    Es inútil remarcar en esta introducción la importancia que reviste hoy en día volver sobre la revolución cubana, con el fin de identificar las numerosas similitudes y las diferencias con el proceso revolucionario en curso en Nicaragua.

  • Porvenires largos y pasados recientes Para algunos balances organizativos y estratégicos

    Por Martín Mosquera y Facundo Nahuel Martín

     

    Presentación

    Ya es un lugar común constatar un eclipse de la discusión estratégica en la izquierda a partir de los años 80. Los últimos debates fundamentales se produjeron en torno al gobierno de Allende y las experiencias guerrilleras en América Latina, o a la revolución portuguesa “de los claveles” y las discusiones en torno al “eurocomunismo”. Desde entonces, los grandes temas estratégicos (partido, Estado, alianzas, poder) parecen haber pasado a segundo plano, en beneficio de un cierto "resistencialismo" social sin perspectiva estratégica. Como es obvio, este “eclipse estratégico” tiene una razón histórica precisa: la “gran derrota” de fines del siglo XX que despejó por décadas la "cuestión del poder" y los problemas de la transición socialista del horizonte de la izquierda radical. Ante la ausencia de nuevas experiencias fundacionales que animaran el debate estratégico –como fueron los triunfos revolucionarios de Rusia, China, Vietnam, Cuba o Nicaragua- la izquierda se polarizó en variantes “clásicas”: o bien una modelización del insurreccionalismo bolchevique, o bien una vía socialdemócrata reformista (o su variante populista en la especificidad latinoamericana).

  • Poulantzas revisitado: Estado, Clases y Transición al Socialismo. Una entrevista con Panagiotis Sotiris y Thomas Goes

     

    Traducido por Constanza Filloy para Revista Intersecciones.

     

    Thomas Goes: ¿Por qué deberíamos estudiar hoy el trabajo de Nicos Poulantzas, un teórico que murió hace casi 40 años? Dicho de otro modo, ¿qué pueden lxs activistas, las organizaciones y lxs cuadrxs políticos de la izquierda anticapitalista aprender de sus escritos que pueda ser útil, incluso necesario para construir una izquierda fuerte y prometedora?

    Panagiotis Sotiris: El trabajo de Nicos Poulantzas es una de las contribuciones más importantes a una posible teoría del Estado y de antagonismos de clase en el Estado.  La de Poulantzas era una concepción altamente original del Estado —el Estado no como un simple instrumento en las manos de la clase dominante, sino como la “condensación material de las relaciones entre las clases”.  Poulantzas ofreció una invaluable aproximación a la complejidad de los Aparatos de Estado, articulando relaciones múltiples entre el Estado y el terreno de la lucha de clases, incluyendo a la esfera productiva, y las múltiples maneras en las que el Estado funciona como un punto nodal en la (re)producción de las estrategias de la clase burguesa1.

    Su último libro, Estado, Poder y Socialismo, ofrece uno de las más sofisticadas conceptualizaciones sobre cómo el Estado juega un papel central en la producción y reproducción de medidas represivas y en la interpretación ideológica, pero también incorpora discursos, estrategias y técnicas de poder, en los términos de Foucault.  Este enfoque recuerda al Estado Integral de Antonio Gramsci, en donde la “complejidad de las actividades teóricas y prácticas de la clase dominante no solo justifican y mantienen su dominación, sino que le permiten ganar el consenso activo de aquellos que son gobernados” 2 En este sentido, la teoría del Poulantzas es una herramienta para ayudar a los militantes a entender a qué se enfrentan.

    Al mismo tiempo, el concepto relacional de Estado permite teorizar la efectividad de la lucha de clases. Es cierto que ha habido una tendencia a interpretar la concepción relacional como una forma de reformismo, que apunta a una transformación gradual a partir de luchas que son “interiorizadas” en el Estado. Estoy en desacuerdo con la lectura que transforma al trabajo de Poulantzas  en algo similar al reformismo de Eduard Bernstein. De acuerdo con Poulantzas, los aparatos de Estado son la “condensación material de las relaciones de clase”. Por tanto, estamos hablando de un Estado de clase atravesado por los intereses tácticos y estratégicos de la burguesía3  En cualquier caso, no es refugio ni instrumento, sino terreno de antagonismos de clase. Las clases subalternas puede inducir rupturas, apertura y ganancias como parte de una estrategia por la hegemonía, que necesitará, en el límite, de una confrontación con la materialidad de los aparatos represivos del Estado (que en la teoría marxista clásica es descrita como la necesidad de destruir el Estado).  Este es otro importante aviso para la militancia: la política radical no consiste en una larga travesía a través de las instituciones, ni en una simple preparación para una confrontación final con el Estado. Podemos pensar en ella, en cambio, como un complejo dialéctico complejo: la modificación de la relación de fuerzas en la lucha de clases a favor de las clases subalternas, la creación de las condiciones para una hegemonía de la clase trabajadora y la preparación para la confrontación con las estrategias de clase inscritas materialmente en el Estado.

     

    Finalmente, quiero enfatizar la importancia de la teorización de Poulantzas sobre el Estado autoritario. Poulantzas fue el primer teórico marxista que tras las consecuencias de la crisis capitalista de 1973-4 sugirió que la reacción de las clases capitalistas y sus representantes políticos en el Estado era el resultado de una reestructuración capitalista (y los primeros signos del giro neoliberal) junto con una transformación autoritaria del Estado. Creo que esta tendencia dual ha sido, desde entonces, una característica constante del poder social y político. Por un lado, se ejemplifica en desarrollos en los Estados capitalistas: en la expansión de la vigilancia represiva, en el movimiento del centro del poder del legislativo al ejecutivo, en el aislamiento de los procesos de toma de decisiones contra toda forma de intervención de las clases populares, y la presentación del alcance del debate político con importancias estratégicas como cuestiones simplemente técnicas. Por otro lado, es algo evidente en el marco institucional autoritario de la Unión Europea, que es en alguna medida, el modelo autoritario por excelencia  del estatismo autoritario en Europa.

     

     

  • Programa, estrategia y sujeto: los desafíos de la revolución en el siglo XXI

     

    José Correa (Insurgencia – PSOL)

    El presente documento fue elaborado por José Correa, dirigente de la recientemente conformada organización Insurgencia, tendencia interna del PSOL de Brasil. Más allá de situarse en una coyuntura nacional específica, el texto establece muy logradamente los contornos generales del trabajo de redefinición programática y estratégica que requiere el proyecto socialista para América Latina. Traducción de Martín Mosquera para www.democraciasocialista.org. 

    Introducción: la centralidad de la idea de revolución

    La idea de revolución es central para pensar la transformación social. Desde los procesos que llevaron al derrocamiento del orden feudal hasta las iniciativas que realizaron esfuerzos de superación del capitalismo, pasando por las luchas que condujeron a la emancipación de naciones, las revoluciones simbolizan el rechazo intransigente al estado de cosas establecido y el compromiso con la estructuración de un orden social y político distinto. Ellas son, por la amplitud de los cambios que promueves cuando corresponden a necesidades profundamente sentidas por las sociedades, las “locomotoras de la historia”.

  • Una lectura política de El Capital (Audio)

     El 7 de abril pasado, Rolando Astarita participó del evento “Marx nace”, realizado en el teatro Cervantes, con una intervención titulada “Una lectura política de El Capital”.. Ésta consistió en la lectura y comentarios de pasajes del capítulo 1 de esta obra. Abajo reproducimos el audio de sus intervenciones.

  • Violencia y explotación en el capitalismo histórico – Entrevista a Heide Gerstenberger

    Presentamos una entrevista realizada recientemente a la historiadora alemana Heide Gerstenberger para la revista Période en la que expone algunas ideas principales de su último libro: El mercado y la violencia – el funcionamiento del capitalismo histórico.

    Fuente: http://revueperiode.net/violence-et-exploitation-dans-le-capitalisme-historique-entretien-avec-heide-gerstenberger/

    Figura clave del “debate alemán sobre la derivación del Estado”, la autora vuelve aquí a exponer los lineamientos generales de su crítica a las principales corrientes de dicho debate, marcando los límites de una derivación puramente lógica de la forma estatal capitalista y la necesidad de incorporar la dimensión histórica al análisis del Estado1. Siguiendo esta crítica, Gerstenberger plantea que, una figura central en la derivación lógica del Estado, el trabajo asalariado libremente contratado, no responde a una lógica general del capitalismo, sino a una de sus formas históricamente determinadas. En consecuencia, se plantea la compatibilidad entre trabajo forzado y acumulación de capital, proponiendo a la figura del asalariado libre, no como forma natural del capital, sino como el resultado de luchas políticas. Llevadas estas reflexiones al plano de las formas actuales de la acumulación capitalista se destaca la existencia de nuevas formas de trabajo forzado surgidas a partir de las políticas desregulatorias implementadas desde los años 70’. Alejada de visiones centradas en una sola forma típica de Estado capitalista, correspondiente únicamente a los países centrales, Gerstenberger se inserta así en el debate sobre las transformaciones en la acumulación de capital, sus relaciones con el Estado y sus formas particulares de existencia en las sociedades periféricas.