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29 de Mayo de 2019

El sorpresivo anuncio de la fórmula Fernández-Fernández sacudió todo el escenario político de nuestro país. El apuro por el análisis veloz, sin tiempo para la reflexión, marcó la agenda de todos los medios de comunicación desde el sábado en adelante.

En Revista Intersecciones decidimos hacer lo contrario. Queremos aportar visiones críticas y agudas sobre esta coyuntura revoltosa. Para eso preparamos una serie de entrevistas que puedan ayudarnos a comprender en qué situación se encuentra la Alianza Cambiemos, que significa la fórmula F-F y cuáles son las tareas de la izquierda en este momento.

Aquí va la segunda parte*. Responden Maisa Bascuas y Mafalda Sanchez, Marta Dillon, Aldo Casas y Jorge Sanmartino.

1. ¿Cómo caracterizás este momento del macrismo, y más en general, del proyecto de Cambiemos?

Maisa Bascuas y Mafalda Sanchez:

El macrismo está atravesando su momento de mayor debilidad política desde que asumió hace 4 años mostrando una incapacidad de conducción política sin precedentes. Un país en bancarrota, con un pueblo empobrecido y endeudado, con la soga al cuello y sin laburo, en un momento donde el salario se licua y reproducir la vida requiere grandes esfuerzos y sacrificios. La reforma previsional fue quizás el primero de estos gestos de sacrificio que el macrismo quería mostrar al mundo, a lo que le siguió el intento fallido de reforma laboral, y la de dejar colgada y a la buena de dios a los millones de argentinos y argentinas cuyos trabajos y estrategias económicas se han desplegado al costado del mercado formal del trabajo, reflejo de la precarización del mercado del trabajo y de la vida. Los intentos de suspender la moratoria previsional, que en estos días tuvo un nuevo capítulo no es tiene otro propósito. Gestos y sacrificios con los que no lograron convencer a los mercados, que le soltaron la mano, el segundo semestre nunca llegó, como tampoco el respaldo del presidente de EEUU ni la bendición del Papa Francisco.

Crisis política que enfrenta el macrismo que mostró que se requiere más que pragmatismo, endeudamiento, palos y planes para gobernar. Poca cintura política e incapacidad que terminó por erosionar las condiciones políticas que le daban viabilidad a un programa económico de entrega, fuga, deuda, sometimiento y asfixia para casi todos los sectores. El fracaso del Cambiemos en las elecciones primarias en 8 provincias, en las que sus candidatos quedaron terceros, expresa claramente la declinación de la legitimidad política de un espacio que se presentó hace tan solo 4 años como lo nuevo para rápido mostrar que contiene elementos viejos como el sistema político argentino, que suda mitrismo.

Nos confundiríamos si viéramos esta crisis política que anda mostrando las facas que se arrojan entre hace poco aliados, si no mencionáramos las desobediencias populares que redefinieron los términos de la discusión política nacional durante estos años, que erosionaron discursos, argumentos, así como campos de fuerza política que directa o indirectamente prestaban legitimidad política al proyecto macrista. Un nudo clave en este sentido fue diciembre de 2017 con la resistencia a la reforma previsional fuertemente promovida por el gobierno y que encontró en las calles y dentro del Congreso una oposición clara y contundente. Asimismo nos interesa remarcar que desde entonces se han acelerado y reforzado núcleos de nuevos procesos de subjetivación política de resistencias antineoliberales y antimacristas, sobre todo entre les juventudes, muy atravesados por la marea feminista y sus movilizaciones, desde las huelgas feministas hasta la inédita lucha por la legalización de la interrupción del embarazo durante todo el año pasado, interpelando y rearmando alianzas entre movimiento feminista, estudiantil, movimientos sociales, sindicales, para mencionar solo algunos.

Marta Dillon:

La imagen que mejor relata el momento político del gobierno de la Alianza Cambiemos es la de su ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, como vocera oficial de la posición del ejecutivo frente al paro general del 29M, prácticamente en la misma semana en que la doctrina Chocobar impulsada por ella provocara la masacre de cuatro adolescentes en San Miguel del Monte. Ni siquiera lograron mantener la ilusión securitista que pretendieron ofrecer y sin embargo frente a la inflación, el empobrecimiento y la asfixia cotidiana, sólo pueden exhibir, por un lado la tecnología adquirida para la represión -la valla neumática para evitar que “entren a la capital” los grupos militantes apostados en el Puente Pueyrredón ocupó buena parte de la cobertura mediática de hoy, día de paro- y por otro, a quien hace la lista de compras. Cambiemos solo ha demostrado inoperancia. Si los CEOs no roban porque ya son ricos -mito fundante del apoyo popular al macrismo-, la administración tampoco se les da, aunque cabe la sospecha de que desde el Estado estén administrando sus intereses. La debilidad de Macri es tan evidente que lo vimos gritar en la apertura de sesiones parlamentarias como si eso pudiera instalar la ficción de un presidente decidido, aunque no termina de formular a qué. Habla en plural, insiste en lo que “hicimos juntos” pero el verbo remite a nada y no hay más idea de lo común que el odio bien alimentado y sostenido por el discurso de la grieta y la vuelta al pasado. El gobierno de Cambiemos tiene la misma sensibilidad social que las armas que carga Bullrich - ¡y se rumorea su nombre como candidata a vice!-. No hay paso de baile que haga seductora la candidatura de Mauricio Macri y a la vez no puede bajarse de la reelección porque se despotenciaría aún más. Pero el odio no puede despreciarse y todavía falta ver qué hacen los peronistas que no pueden digerir el volantazo político de CFK.

Aldo Casas:

Considero en primer lugar que, a nivel por así decirlo “estructural”, la situación del macrismo y de Cambiemos es indisociable del hundimiento de la economía, con el desplome de todas las variables macroeconómicas, una recesión cuyo fin nadie se atreve a prever y el horizonte cierto de un nuevo default. Podrán o no llamarlo así, pero es seguro que el próximo gobierno no podrá pagar y deberá someterse a las exigencias de los acreedores, tratando de imponer un ajuste superior a todo lo ya visto.

En el terreno sociopolítico, la hegemonía que algunos atribuyeron al macrismo no resistió el choque con semejante realidad. Han perdido el respaldo y/o la cuota de pasiva confianza que en algún momento había ganado en sectores populares. Tampoco pudo conservar el apoyo del grueso del empresariado, lo que se hizo evidente cuando entre el “Círculo Rojo” surgieron los que comenzaron a presionar por un “Plan V”. Pienso que este debilitamiento sólo parcialmente es compensado por el apoyo que Macri recibe del FMI y de Trump. Los únicos sectores del gran capital satisfechos son los pocos directamente favorecidos por las medidas oficiales, pero incluso ellos advierten la precariedad de la situación y toman sus precauciones, como lo evidencia la imparable hemorragia de divisas.

El “mejor equipo de los últimos 50 años” reveló ser un conjunto de irresponsables saqueadores cuya única “solvencia técnica” es la innegable capacidad de gestar un descomunal endeudamiento, llevándose afuera la parte del botín con que ellos mismos se quedaron. Podrá decirse que lo ocurrido no es un “fracaso” sino resultado de un deliberado proyecto, pero aún así parece evidente que fracasaron en mantener el control de la situación para quedarse con el gobierno cuatro años más. Y hoy están lejos de tener asegurada la reelección.

Este es el tercer aspecto de la crisis de Cambiemos: están al borde de perder las elecciones en octubre. Podría ser incluso que a esa instancia no lleguen ni Cambiemos ni el mismo Macri. La posible alianza “ampliada”, el nombre de la misma y sus candidaturas, son inciertas y volátiles. Lo único seguro es que sería suicida pedir votos para “seguir por el mismo camino, pero más rápido”. Tal vez por eso Durán Barba hizo mutis por el foro.

Jorge Sanmartino:

Cuando uno escribe sobre el presente siempre corre los mayores riesgos. El proceso histórico es como una oración inconclusa, siempre puede tomar caminos y significados totalmente distintos e imprevisibles. Aun así, la palabra es también siempre una “apuesta”, por lo que uno arriesga ciertas hipótesis a condición de saberse situado a una distancia mínima de los acontecimientos. Dicho esto, uno arriesgaría que el declive electoral y en la opinión pública del macrismo expresa la crisis (no sé si irremediable, parece que sí) de todo un proyecto social, político e ideológico que se presentó como histórico y que parece ahora preso de sus mismas pretensiones. Ese proyecto se articuló alrededor de la batalla contra el “´populismo” y expresó un conjunto de políticas que se proponían desarticular el tejido social e institucional construido durante los 12 años anteriores. Se proponían crear un “clima de negocios” que atraería la inversión extranjera y saldaría el debate sobre inflación, balanza comercial e incluso, ingresos, si por la “teoría del derrame” hubieran impactado en el crecimiento económico. La ideología meritocrática y la liquidación de derechos de redistribución universales hubieran podido tener cierto éxito si su gran empresa pro capitalista hubiera triunfado. Pero fracasó de manera espantosa. No tanto por la resistencia de los sindicatos o de movimientos populares diversos. Sino por los propios límites y contradicciones de sus medidas. La crisis de formas neodesarrollistas y redistributivas del período kirchnerista no desembocaron en la crisis hiperinflacionaria que el establishment hubiera esperado, y que le habría permitido al nuevo elenco gobernante administrar a gusto la crisis como lo había hecho Cavallo desde el 91. Después del veranito “gradualista” y de la mano del FMI, la crisis lo devoró. Las explicaciones sobre la liquidación del mercado interno y la inexistente corriente inversora a contramano de una guerra comercial liderada por EEUU están a la orden del día. Lo que prefiero subrayar es por un lado la disolución del bloque social y político que lo llevó al poder, con la desagregación de capas medias y populares, urbanas y rurales, que habían sido arrastradas por la corriente del momento y a las que se las había convencido de que formaban ya parte de una lucha histórica y centenaria por la libertad y la república. También el irreductible núcleo duro que aún se congrega alrededor de esas mismas banderas. En definitiva, fracasó una gran causa de las clases dominantes, arrastrando en su caída (espionaje, arreglo de jueces y testigos, manipulación de causas mediante) las honorables banderas del republicanismo, la honestidad y la división de poderes. Fracasó también una estrategia, una idea, que había convencido al conjunto de la clases dominantes nativas y vastos sectores de clases medias y también populares en que un sólido gobierno apoyado por Estados Unidos y el FMI, los gobiernos conservadores de Europa y América latina, las finanzas, el campo, la bolsa y los grandes medios de comunicación nacionales e internacionales no podía fracasar. Contra el sentido común en el mundo académico pero también de los análisis políticos del universo progresista, me permito dudar si los ministros y secretarios que provienen de la banca y los negocios tienen “capturado” al gobierno. Si el ex Ministro de Agroindustria Luis Miguel Etchevehere, hoy Secretario, fue el dueño del gobierno o sólo un instrumento más de esa estrategia a la cual Mauricio Macri rodeó de sus mejores representantes y comunicadores, igual que Caputo, Dujovne y otros tantos, que han sido piezas adecuadas de esa pretensiosa empresa que quizá esté llegando a su fin. El poder de clase depende menos de los antecedentes personales de los que están nominalmente en el gobierno, de sus identidades, negocios o proyectos, que de la relevancia funcional a la estrategia de poder. Lo que hay que preguntarse no es tanto por la cantidad de funcionarios de universidades privadas que componen el elenco ministerial sino por el fundamento institucional, económico, político e ideológico en el que se apoya el bloque social dominante. Si coinciden los personajes con los intereses funcionales es menos por un efecto de captura que por la funcionalidad que cumplen al trasmitir figurativa y operativamente, los objetivos globales de dicha empresa.  

Bajo el sistema democrático y el sufragio universal cada dos años, el bolsillo de la población también cuenta. El macrismo en el poder, que había mostrado cuánto había cambiado la cultura política del país y que representaba el primer gobierno conservador en llegar a la presidencia por medio de las urnas, despotrica ahora contra la tiranía del calendario electoral que apura los tiempos sin que haya podido aun concluir su obra. El proyecto puede sobrevivir, los ciclos políticos argentinos siempre se suceden como en un péndulo. Pero para el macrismo como encarnación del mismo, parecen estar doblando las campanas.

2. ¿Qué pensás de la primera de las fórmulas opositoras que se dio a conocer este sábado: Fernández-Fernández?

MByMS:

A un mes del cierre de listas, en un escenario abierto, en el que el gobierno desencajado parece que su única estrategia es presionar al sistema judicial para que monten un escenario a la brasilera para sacar de juego a la principal opositora, Cristina Fernández de Kirchner; es justamente ella quien arroja la primera piedra. Advierte el letargo gubernamental y decide, como nos tiene acostumbrades, a pasar a la ofensiva, con un movimiento defensivo en términos estratégicos, que presenta como gesto de "sacrificio" y "amor", al mismo tiempo. Nos referimos, claro está, a la fórmula Fernandez- Fernandez, por la que CFK le propone a don Alberto que la acompañe encabezando la fórmula presidencial.

Lo que la misoginia del sistema político y de los medios de comunicación presentan como un "gesto" de buena madre, buena mujer y buena dirigente, preferimos verlo como una muy refinada y calculada táctica política, anticipándose al juego de pinzas de propios y extraños, para desmarcarse del conservadurismo acérrimo que viene disfrazado de gaucho cabalgando por las provincias a tono con el conservadurismo autoritario que escala en América Latina y el mundo.

Lo que parece mostrarnos el lanzamiento de la que sea quizás la fórmula más progresista que esté en pie en octubre con posibilidades reales de ganarle al macrismo, no deja de producir cierta desazón respecto de la buena salud de las estructuras de poder conservadoras, en un mundo en el que reeditan fascismos con el ojo puesto principalmente en les migrantes, pero como hemos visto en América Latina también en mujeres, travestis, lesbianas, trans y no binaries, líderes de comunidades que luchan contra las especulaciones de las mega multinacionales decididas a saquear recursos y bienes comunes como Berta Cáceres, representantes políticas que no claudican ni sacrifican su convicción de evidenciar las complicidades entre las estructuras de poder veladas, los negocios ilegales y el sistema político y judicial como Marielle Franco.

¿Por qué la líder política con mayor intención de voto pone su capital político a disposición de una alianza mayor encabeza por quien no proviene de su núcleo político más propio? ¿por qué triunfa la política de la moderación, de la burocracia del reino, que sobrevive no por su poder propio sino por su red de relaciones celosamente administrada? ¿Cuáles son las características que genera tanto rechazo a los poderes reales que prestan condiciones, que vetan, que amenazan, esos que generan corridas bancarias, que se enteran primero, que tienen socios en los países más ricos de este mundo? Sería de un biologicismo pasado de moda referirnos a que lo que resulta insoportable es que las mujeres ocupen las más altas esferas de poder político -aunque tampoco es mentira que no les gusta, que nos subestiman, que prefieren lidiar entre machos "porque entre ellos se entienden", porque siempre hay un halo de sospecha de que perdemos el juicio y no tenemos capacidad de discernimiento entre lo urgente y lo importante-. Lo que resulta insoportable para la etapa que se viene son los aquellos gestos de desobediencia contra los poderes económicos e indisciplina partidaria que la enfrentó con hombres, blancos, mayores de 60, con olor a viejo y nos interpelo a muches de los que formamos parte de las izquierdas. Esos gestos son los que no perdonan estos Barones del poder que esperan sacrificios sin hacer ellos ninguno ¿quién se sacrifica en política y política económica?

En todo caso, la desazón a la que nos referimos más arriba no reside tanto en el "sacrificio" que implica construir una fórmula con mayores capacidades de éxito electoral, sino más bien lo que evidencia aquello en término de relaciones de fuerza, de los insospechados e insospechables alianzas con la que se revigoriza la moderación como virtud política.

MD:

La fórmula Fernández - Fernandez es una exposición de la habilidad política de CFK y también una exposición de los límites del tablero donde juega, profundamente patriarcal y sin vocación de transformaciones profundas, al contrario. A Cristina no la iban a dejar gobernar y entonces elige una posición de fuerza porque a la vez que nombra al candidato, hace el gesto de la renuncia, que en definitiva es lo que se espera de una mujer. La iniciativa es de ella, pero los b(v)arones del peronismo festejan que la yegua se meta sola en el corral y que quede al frente la moderación y los buenos vínculos con Estados Unidos que tiene Alberto Fernández. De todos modos, una movida política así es para festejar por la posibilidad de abrir discusiones y también porque desde esta distancia a las elecciones parece más cerca la chance de que #FueraMacri sea una sentencia además de un hashtag. Lo difícil de digerir es que la habilidad de mover las fichas en el tablero obture la posibilidad de la discusión política y de mirar un poco más de frente qué implica esto que se llama moderación las más de las veces pero que impone límites muy concretos a movimientos vitales y callejeros como los feminismos. El gesto maternal de Cristina reordena simbólicamente el lugar de las mujeres -algo que siempre hizo y que tímidamente parecía desmontar cuando declaró a su fuerza feminista- como madres y administradoras de lo que queda o lo qué hay. Y también la expone negociando siempre desde el lugar de la excepción y la soledad, lo cual a mi gusto es muy complicado porque buena parte de lo que es necesario reconstruir después de cuatro años de macrismo es la idea de lazo social como motor de transformaciones y en su lugar lo que aparece es disciplinamiento y aguante, en su sentido más conservador.

AC:

Fue una sorpresa. En eso coincidiré con todo el mundo. No me parece que deba ser considerada una genial jugada estratégica, ni tampoco que Cristina Fernández haya fortalecido sustancialmente su liderazgo, ni que el kirchnerismo se mantenga “en el centro de la escena” (me refiero tanto a los kirchneristas “de paladar negro”, como a los que se sumaron porque “Ella le gana”). ¿Podrán hacerlo en el curso de la campaña? Tal vez sí, y tal vez no. Como cantara don Atahualpa Yupanqui: “¿Que Dios vela por los pobres? / Talvez sí, y talvez no. / Pero es seguro que almuerza / en la mesa del patrón”.

¿La fórmula Fernández-Fernández “vela” para que los pobres le ganan la elección a Macri? Tal vez sí, lo que no dejaría de alegrarme también a mí, que no creo ni en Dios, ni en Fernández-Fernández. Y tal vez no, porque poner al frente a Alberto puede ganar alguna simpatía entre “los de arriba”, pero no aporta muchos votos “de abajo”. Tampoco garantiza más votos la pejotización de la fórmula y la campaña. Por ahora, no logró atraer ni a Massa, ni a Schiaretti, ni a Lavagna, de modo que ni siquiera la derrota electoral de Macri está asegurada. Pero es seguro que Fernández-Fernández almuerzan en la mesa de los patrones, y que harán campaña en favor de un “Frente Patriótico” que acepta la tutela del FMI y los acreedores y de un “Pacto social” que indudablemente significará que los de abajo posterguen reclamos y esperen pasivamente que desde la mesa de los de arriba caigan “soluciones”. Juntando votos para octubre diciendo que “todo lo demás debe discutirse después”, entrarán en una competencia a ver quien es más moderado, o sea, quien se encargará mejor de convencer a los trabajadores y el pueblo de que no sólo hasta octubre sino con más razón después de octubre lo mejor será “seguir haciendo la plancha”. En el afán de sacar mas votos que Macri, Fernández-Fernández repiten la conocida cantinela de que para superar las dificultades debemos “estar todos juntos”. Todos juntos: quiere decir mixturar acreedores y deudores, laburantes y patrones, ambientalistas y extractivistas, burócratas y activistas de base, pañuelos celestes y pañuelos verdes, etc. etc. etc. Un discurso nefasto que, si Fernández-Fernández logra derrotar a Macri, puede convertir la alegría esa victoria en una nueva amarga y dolorosa frustración.

JS:

La fórmula Fernández-Fernández coloca una vez más a Cristina como un centro político. A diferencia de la opinión habitual de que en su cerrazón no “escucha”, no “dialoga” o que es la jefa de un grupo ultrapolitizado aislado de la realidad del país, demuestra una vez más tener una sensibilidad especial para sintonizar con las corrientes más profundas de la sociedad. En definitiva, Cristina al ceder la candidatura a Fernández reconoce que no puede escapar al dicho de que la historia hace al personaje. Ella representó en su segunda presidencia, la recomposición del kirchnerismo en el poder mediante la radicalización de medidas redistributivas (AFJP, Aerolíneas, YPF, AHU, etc.), políticas (ley de medios, reforma judicial) y de emergencia (cepo, regulación de los bancos, etc.). Fue el subproducto de la crisis de la primera oleada, forjada al calor de la crisis y el argentinazo del 2001. Nada de esto sucede ahora. El coqueteo con el consenso y el diálogo, el peso político de los gobernadores, la reticencia de la CGT  a la figura de Cristina, son síntomas del corrimiento político a la derecha. Ese es el movimiento que supo leer Cristina, y actuó en consecuencia. Un triunfo de Alberto Fernández representaría la necesidad de poner fin a la sangría social provocada por el macrismo -y ese es el motivo de que recoja tanto entusiasmo-, al mismo tiempo que anuncia la parálisis política de la activación kirchnerista motorizada en su momento por la politización de la juventud. Ni la ley de medios, ni la reforma judicial, y probablemente tampoco una activa política internacional en torno al Unasur, para mencionar algunos ejemplos rápidos, estarán en la agenda de un posible gobierno peronista. Un hipotético ingreso de Massa reforzaría a la candidatura como opción de poder, al mismo tiempo que profundizaría el centrismo político del frente. Esto no simplifica las cosas, probablemente le sume una alta dosis de contradicciones internas. Porque las reservas democráticas y populares, las corrientes sindicales y los movimientos sociales tienen la suficiente fuerza y vitalidad como para disputar espacios de poder dentro y fuera del Estado. Las correlaciones de fuerza también dependerán, más que nunca, de la dinámica de la situación latinoamericana, pues no está dicho aún para dónde seguirá moviéndose el péndulo político. Hoy creo que la relación de fuerzas interna se intersecta como nunca con esa dinámica internacional, creando una peculiar combinación de espacios multiescalares que aún no tiene un signo político definido.

3. ¿Cuáles dirías que son las tareas e intervenciones que deberían tener las izquierdas ante este escenario?

MByMS:

Las tareas de las izquierdas en la etapa que entra tendrán que ver con cierta reactualización de la desobediencia y la indisciplina como elemento vital de la práctica política. De eso se trata la resistencia, no de la que patalea sola, sino la que construye nuevos campos de fuerza política que permiten transformar la realidad. Y lo tendrán que hacer contra el conservadurismo autoritario que nos querrá imponer nuevos sacrificios. Habrá que aportar y apostar, no de manera litúrgica sino real, a los movimientos políticos que vienen tramando la indisciplina como valor político. Si no lo hacen por convicción tendrán las izquierdas que hacerlo como subsistencia porque también vendrán por elles si no dedican sus esfuerzos a encender el mejor nervio de los progresismos y refundar la política de la desobediencia. Es por esto que los feminismos tendrán mucho que aportar en el proceso por venir, como lo venimos haciendo, reactualizando nuestros esfuerzos por evidenciar el fracaso del modelo civilizatorio, y articulando esas desobediencias en cada territorio, y siempre desde una perspectiva antineoliberal, anticapitalista, contra los bolsonaros, trumps y macris que crecen silvestres en cada espacio vital que habitamos. Contra las derechas y las fuerzas conservadoras, por la vida digna.

MD:

No me siento muy cómoda hablando de lo que puede o tiene que hacer la izquierda, pero sin dudas alentar desobediencia es arar la tierra para l imaginación política que necesitamos para movernos por fuera de los tableros predeterminados de la política formal.

AC:

Parto de reconocer que las izquierdas llegamos a esta instancia muy mal. Y dicho así me parece demasiado suave. Aunque suene feo, prefiero decir estamos llegando “en bolas y a los gritos”, más perdidos y dispersos que nunca.

Gran parte de lo que en algún momento pareció encaminarse a conformar una nueva nueva izquierda terminó, como y con lo más viejo de la izquierda (el Partido Comunista, Nuevo Encuentro, Heller, el PCR...) en el Gran Frente Patriótico, haciendo campaña por Fernández-Fernández y el Partido Peronista.

El FIT dilapidó la modesta pero significativa visibilidad y representatividad que ganó apareciendo como un polo unitario, clasista y anticapitalista. Se convirtió en una cooperativa electoral de tres fuerzas en permanente disputa fraccional, hostil a nuevas incorporaciones, brutalmente enfrentada con la revolución bolivariana, incapaz de impulsar algún tipo de intervención frentista más allá de las elecciones. Y ahora, incluso en el terreno electoral, viene retrocediendo. Se ha convertido en una nueva vieja izquierda.

Existe por último un gran sector de la izquierda que no se identifica ni con el Frente Patriótico/Partido Justicialista, ni con el FIT. Pero parece (parecemos) “fuera de pista”. Pienso que hay consciencia de que es urgente e impostergable encarar la reconstrucción de una izquierda revolucionaria, feminista, eco-socialista, con sensibilidad y vocación, indo-americana, “nacional y popular” (si queremos utilizar una fórmula desnaturalizada por su manipulación populista, no clasista), pero pareciera que no se sabe, no se puede o no se quiere dar pasos efectivos en tal dirección.

Sin embargo, no tener una alternativa propia en la contienda electoral, no justifica la parálisis. Seria posible rechazar la trampa que nos invita a “hacer campaña por Fernández-Fernández hasta derrotar a Macri y todo lo demás se discute después”, sin caer en la postura marciana (que no marxiana) que se conforma con repetir que “las elecciones no sirven para”.

Bien podemos acordar con quienes piensan que es urgente terminar con Macri, porque también nosotros votaremos contra Macri. Yo supongo que en la primera vuelta votaré por los candidatos del FIT, porque no me parece lo mismo que haya (o no) algunos diputados que denuncien el capitalismo, planteen el no pago de la deuda externa, etc. Pero no tengo empacho en aclarar que, si hubiera una segunda vuelta y fuese Fernandez-Fernandez quien pudiera derrotar a Macri, posiblemente lo votaría, porque no me parece que sea lo mismo voltear a Macri que aguantarlo cuatro años más. Sin dejar de hacer campaña por el no pago de la deuda, terminar con el tutelaje del FMI, enfrentar cualquier forma de continuidad o concertación con las políticas neoliberales y rechazar cualquier “pacto social” que nos ataría a nuestros enemigos de clase.

JS:

Me parece que en el escenario actual habría que redefinir qué es izquierda y cuál es el mapa de la izquierda. Además, pienso que hay tareas de largo y de mediano plazo. De manera general la izquierda ha estado atrapada en el círculo sin fin de acercarse al peronismo para acercarse a las masas, o crear reactivos suficientemente poderosos como para evitar la cooptación. El FIT por ejemplo, ha tenido el mérito de crear un espacio propio de intervenir en el terreno electoral con cierta eficacia para su propia estrategia. Y esto se debió a una exigencia impuesta por las PASO, que los obligó a unirse. Como sea, ellos tienen su espacio político y han podido ocuparlo de tal manera que otras formaciones del mismo tipo han quedado relegadas. El problema con esa estrategia es que no puede ser un factor de poder real. Cortocircuitó la relación con el vasto mundo del peronismo, sobre todo de su izquierda pero también rechazó atraer a los movimientos sociales y a la izquierda independiente. Sienten temor por la competencia antes que vocación de generar movimientos más amplios. Sostenido en un discurso “de clase”, que en realidad es de delimitación organizativa, están condenados a una franja estrecha de la militancia y un voto híbrido de izquierdismo espiritual y anti-peronismo sentimental.

La llamada izquierda independiente surgió con el objetico de superar ese impasse estratégico, mirando las experiencias de Venezuela y Bolivia, de Podemos en España o de Siryza en Grecia o ahora de Bernie y Corbin. No pudo materializar políticamente lo que en principio parecía una ventaja teórico-política. Esto no le quita el mérito de haber planteado cuestiones importantes, cuestiones que siguen vigentes.

Hay otra izquierda hoy que habría que tomar en cuenta también que es el propio camporismo militante, la CTA, los organismos de DDHH y diversas corrientes que se han acercado al peronismo. Hoy, con la candidatura de Fernández, quedan automáticamente más relegados y más a la izquierda que ayer. Si Fernández es gobierno y termina recostándose en los gobernadores, podrían aglutinarse y ser un factor de presión a nivel parlamentario, una nueva “minoría intensa”. Ninguna hipótesis se puede descartar, incluso algunos analistas se preguntan si Fernández podría ser un nuevo Lenin Moreno. En definitiva, es posible que se abra un período de incertidumbre sobre qué hacer por parte de aquellos identificados con las ideas de la izquierda y el progresismo.

 * Las respuestas de Mabel Thwaites Rey, Omar Acha  y Martín Obregón pueden leerse en el siguiente link: 

http://www.intersecciones.com.ar/index.php/articulos/169-entrevistas-crisis-de-cambiemos-formula-ff-y-las-tareas-de-la-izquierda-primera-parte

 

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